¿Qué le pasa a esa
gente? Me refiero a esas personas que cuando llaman al ascensor
mantienen pulsado el botón durante más tiempo del estrictamente
necesario, algunas incluso hasta que las puertas se abren ante sus
narices. Es como si pensaran que de esta manera el ascensor va a
acudir más rápido, o como si temieran que alguien pudiera robárselo
una vez ya pedido por ellos o, lo que es más inquietante, como si
creyeran que pueden impedir que esto suceda simplemente por pulsar el
botón hasta el fondo.
¡Cuántos incautos se
habrán visto arrastrados hasta un piso al que no querían ir porque
se cerró el ascensor con ellos dentro mientras pulsaban impotentes
el botón de abrir las puertas sin saber que tú estabas ejerciendo
todo tu poder sobre el aparato! Por no hablar del pobre diablo que
entra en el portal y se dirige corriendo al ascensor para evitar que
se le escape, con las puertas ya casi cerradas, y consigue meter un
brazo para intentar retenerlo... Y tú, en tu planta, escuchas un
grito desgarrador e instantes después se abre el ascensor ante ti
con un brazo en el suelo, un brazo que me imagino dando saltos en un
charco de sangre, como un pez fuera del agua, no sé muy bien por
qué, y tú miras el brazo como con asco, como si el perro del
inquilino del cuarto se hubiera vuelto a cagar, y bajas en el
ascensor y sales por encima del cuerpo exangüe de tu vecino mientras
piensas ahí te jodas, no haber intentado robarme el ascensor.
¿Y qué pasaría si dos
personas en diferentes plantas pulsaran simultáneamente el botón de
llamada con el firme propósito de perecer antes que soltar el
pulsador y ceder el turno? Me pregunto si sucedería algo parecido a
cuando Harry Potter y Voldemort lanzan un hechizo a la vez y sus
varitas se unen en un chorro de luz la hostia de cuco (un Priori
Incantatem de manual, vaya) pero todo lo que hacen es mirarse con
muchísima intensidad y apretar con más fuerza sus varitas. Imagino
que sería algo más parecido a cuando dos contrincantes lanzaban un
Kame Hame Ha (Onda vital...xa! para los que no tengan un B1 en
japonés) en el juego de Dragon Ball GT de la PlayStation y había
que pulsar el triángulo muy rápido y seguido para vencer. Algo así.
En esto pensaba (en esto
y en si estas son las mismas personas que pulsan muy fuerte y durante
mucho tiempo el botón de parada de los autobuses, pero no me quiero
meter en terrenos farragosos) mientras esperaba el ascensor en casa
de mi hermana, es decir, en el portal del edificio de mi hermana, no
es que ella tenga su propio ascensor privado, aunque eso tendría
muchísimo estilo, para una comida familiar navideña.
En estas comidas, algunos
miembros de mi familia, con toda la buena intención del mundo, me
proponen a veces diversas alternativas laborales que pueden encajar
más o menos con mi preparación o con mis inquietudes. Como si
pensaran que actualizar una vez cada dos o tres meses este vuestro
blog del espacio exterior no fuera suficiente para ganarse la vida.
Hablando de los diversos gastos que se hacen en estas fiestas, salió
el tema de lo que algunas personas pueden llegar a pagar por un
peinado para, por ejemplo, fin de año. Y eso por no hablar de lo que
puede invertir una novia en su cabellera para el día de su boda. La
cosa estaba muy clara: alguna gente gasta mucho dinero en peluquería,
hazte peluquero. Blanco y en vasija.
A veces, por darles el
gusto, les sigo la corriente. Y la verdad es que bien pensado hasta a
mí me empezó a parecer un buen negocio. Si hay gente dispuesta a
pagar, como poco, 300 machacantes en una sesión de peluquería, con
trabajar, qué se yo, cuatro días al mes, no hay que ser ambicioso,
tendría la vida resuelta. Entonces, como si el plan no hubiera sido
suyo originalmente, le empezaron a ver lagunas a la idea. No podría
hacer tan pocos trabajos al mes porque con ese dinero no podría
pagar el alquiler de una peluquería y, siendo así, ¿dónde iba a
atender a mis clientes? Es más, ¿dónde iba a captar clientes?
¿En serio? ¿Ese es el
único problemilla que le veis al plan? El principal escollo es dónde
voy a hacerlo, no que no tenga ni idea de peluquería y que sea tan
de fiar con unas tijeras cerca de tus orejas como un socorrista sin
brazos (un socorrista sin brazos, se entiende, trabajando en una
playa o en una piscina, no cerca de tus orejas, que como mucho podría
mordértelas, pero no usar unas tijeras en tu contra). Ya veo a mi
familia, el día que se me ocurra ponerme a operar a corazón abierto
en plan autónomo (que puede pasar en cualquier momento), poniéndose
muy seria y diciéndome "a ver dónde vas a hacer eso, que vas a
dejar el salón hecho un asco".
Pero que vamos, si el
único problema es ese, la captación de clientes, qué se yo, haré
tarjetas, repartiré flyers, me anunciaré en internet, qué
más da, voy a ser rico, puedo alquilar una valla publicitaria en
medio de la Gran Vía. ¿Quién, en su sano juicio, no acudiría
inmediatamente al anuncio de "córtate el pelo a un precio
desorbitado con el peor peluquero del mundo en el salón de su casa"?
Me parece una publicidad genial.
Y si el problema es mi
técnica, lo único que tengo que hacer es ponerme a practicar. ¿No
hay una teoría que afirma que todo lo que se necesita para ser un
maestro en algo son 10.000 horas de práctica? Lo que necesito ahora
son voluntarios-víctima con poco aprecio por su pelo. Quizás pueda
obligar a mis vecinos a ser mis conejillos de Indias secuestrándolos
apretando muy fuerte el botón del ascensor con ellos dentro.
Me voy a hacer de oro.
1 comentario:
Oye.. pues si realmente te haces rico acuérdate de los amigos :)
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