Quizás también te ha sucedido en alguna ocasión; estar
durmiendo y soñar que estás meando y, de pronto, despertarte y tener que salir
corriendo al baño porque estás a punto de mearte encima. Es una suerte de
extraño mecanismo que tu cuerpo emplea, a veces, para obligarte a levantarte de
la cama y vaciar la vejiga.
La última vez que me pasó fue en un hotel de Glasgow. No sé
lo que estaba soñando antes, pero recuerdo vívidamente el momento en que me
sacaba la chorra y me disponía a aliviarme en medio de un bosque. De pronto,
abrí los ojos y salí corriendo al excusado, tropezando con todo lo que encontré
por delante, que es lo que suele pasar cuando corres a oscuras en un entorno
desconocido.
Algo extraño sucedió, algo para mear y no echar gota. Literalmente. Me planté delante del
váter pero, a diferencia de ocasiones anteriores, el chorro no salió
inmediatamente, como cuando abres las compuertas de una presa. Y no es que
tenga problemas de próstata (espero), es que simplemente no tenía ganas de
mear.
Así que me quedé allí de pie con mi miembro en las manos, en
un baño completamente desconocido para mí, aséptico, con esa luz azulada
reflejada en los azulejos blancos y el sonido del extractor resonando en mis
oídos, en un ambiente como de ciencia ficción. Y empecé a preguntarme por qué
mi cerebro se había puesto a soñar con el acto de la micción si yo no tenía la
necesidad de orinar, y por qué me había despertado tan bruscamente si no corría
el riesgo de mearme entre las sábanas. ¿Contra qué me estaba previniendo mi
cuerpo?
Mientras mis pies desnudos se congelaban en contacto con el
azulejo del suelo, me puse un tanto filosófico y me planteé la siguiente duda:
“¿Y si sigo durmiendo?” Me había sucedido en varias ocasiones estar soñando y,
dentro del sueño, despertarme y ser consciente de que lo anterior era un sueño,
pero seguir soñando. Algo parecido a lo que pasa en Origen. Pero al revés, no saber si estoy soñando cuando, en
principio, estoy despierto, jamás. Así que hice una de las cosas más estúpidas
que nunca pensé que haría: me pellizqué un brazo (a Dios gracias que no me dio
por pellizcarme el trozo de carne que ya sostenía entre mis manos).
Evidentemente, no me solucionó las cuestiones filosóficas y
seguía sin tener muy claro qué hacer mientras el pito se me empezaba a enfriar.
Pensé en hacer un esfuerzo por mear y volverme a la cama pero, ¿y si al mear,
como estaba soñando, me meaba en la cama? O, a lo mejor, era precisamente eso
lo que tenía que hacer, intentar evacuar para despertar a mi yo durmiente y que
me librase de este bucle onírico-orínico. Qué difícil decisión, to pee or not to pee?
Mis dudas filosóficas aumentaban por momentos. ¿Y si la
realidad, y con realidad me refiero a la vida, el universo y todo lo demás, no
es más que un sueño? Un sueño de Nobita o de Leonardo DiCaprio, por ejemplo. O,
aun peor, un sueño de Resines, y resulta que nosotros no somos más que las
Tetés, los Guilles, las Evas y los Marcos de una alucinación onírica del peor
rapero de España.
Y por extraño que parezca, en aquel momento esa teoría cobró
todo el sentido del mundo para mí. Solo en una sociedad concebida en un sueño,
o más bien en una pesadilla distópica, habría cabida para leyes con nombres
tales como “mordaza”; se multaría a la gente por llevar una camiseta o tomar
pizza y refrescos en la calle, o se haría dimitir a un concejal por su humor
demasiado negro mientras otros políticos llevan a cabo campañas con cierto tufo
racista. Solo en la peor de las pesadillas un hombre mataría a sus dos hijas
cortándoles el cuello.
Cada vez que veo cosas como estas me siento de nuevo como en
aquel baño de hotel, dudando de si estoy despierto o si es todo un sueño,
porque todo esto, y más, sí que es para
mear y no echar gota.

1 comentario:
De no ser más que el sueño de una persona, no me importaría serlo de Resines, que no tendrá madre, pero al menos tiene una moto con sidecar para darse vueltas por Oklahoma. Al menos, en este sueño, soñar sigue siendo gratis ;)
Publicar un comentario