Me pregunto qué pensaría alguien si encendiera la televisión
y viera a la gente en A Coruña llorando a moco tendido por la destrucción de
sus hogueras por la marea; si los vieran lamentándose a voz en grito, dándose
puñetazos en el pecho y cantando canciones solemnes desde los balcones;
diciendo, desconsolados, que llevaban todo el año preparándolo. Pensaría,
supongo, que están locos o que son imbéciles.
Por otra parte, y no pretendo hacer ningún tipo de relación
de conceptos, estuve reflexionando sobre la tragedia que se vive casi todos los
años con las inclemencias climáticas en Semana Santa. Me pregunto por qué, ya que
hay gente que se dedica todo el año a preparar los pasos, aun no han
pensado un plan alternativo para el mal tiempo. Yo qué sé, crucificar a
Cristo en un paraguas gigante. O ponerle a la Virgen una bolsa de basura en la
cabeza.
Se me ocurre también que podrían hacer las procesiones en
otra fecha; en verano, por ejemplo, que es más propicio al buen tiempo. Alguno
dirá que eso no es posible, ya que el domingo de la Pascua de Resurrección debe
ser el siguiente a la primera luna llena que sigue al equinoccio de la
primavera boreal. Aunque quizás todo sea una excusa para no competir con San
Juan.
En cualquier caso, me parece mucho más dramático lo que ha
sucedido en A Coruña; al fin y al cabo, a Cristo se le pone un chubasquero y ya
se le puede sacar de paseo, pero a ver quién tiene cojones de encender una
hoguera con madera mojada.
Hablando de hogueras y de religión, puede que alguno esté
esperando a que suelte aquella sentencia que hace referencia al estado en el
que debe estar una iglesia para que realmente pueda iluminar a alguien. Sin
embargo, no seré yo quien incite a la quema de edificios religiosos. Pero lo
que es indiscutible es que la única hoguera que ilumina es la que arde.
1 comentario:
Una vez leí por ahí que el rito de sacar tallas religiosas en esa época vino por una especial y larga sequía... Si esto es cierto, consiguen su objetivo cada año.
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