1/4/13

Lunes, maldito lunes

Hacía mucho que no llovía en Santiago, por lo menos desde ayer por la noche. Creo que este clima está licuando el cerebro a la gente (y me incluyo). Ahora llueve. Ahora no. Ahora llueve. Ahora llueve. Ahora llueve. Ahora no. Y si a este tiempo le sumas que madrugar un lunes después de la Santa Semana es algo horrible,  corres el riesgo de encontrarte con que la gente está de los nervios.
Esta mañana, mientras ponía el primer pie en la calle pensé “¡Qué raro! El Señor se ha apiadado de nosotros y ha cerrado el grifo.” Pero antes de depositar el segundo pie en la acera ya se había puesto a llover de nuevo. De todos modos, el clima no es óbice o cortapisa para que el habitual ejército de jóvenes armados con carpetas y chalecos de una ONG asalte a los viandantes para ayudarles a cambiar el mundo. La cosa cada vez está peor, eso no es nada nuevo; y en tiempos difíciles son necesarias medidas extremas. Hoy vi como una joven retenía a un señor contra su voluntad mientras le enseñaba fotos de un campo de concentración, niños desnutridos y personas mutiladas, y le increpaba con dureza. “¿Le parece normal?”
Me recordó a esas películas policíacas en las que el agente más duro de la comisaría mostraba a un acusado las fotos del cadáver de una mujer desnuda con las bragas atadas al cuello (el cadáver, no el agente), intentando así que se derrumbara y confesara su espantoso crimen.
También me recordó al pobre Homer Simpson enfrentándose al vendedor de Yogulado con aspecto de Fu Manchu.
- Familias enteras están perdiendo sus casas en Siria.
- Eso es malo.
- La ONG se encarga de darles cobijo.
- Eso es bueno.
- Los niños no pueden ir a la escuela.
- Eso es malo.
- Puede colaborar con nosotros dándome el número de su tarjeta de crédito y firmando aquí, aquí y aquí.
- ¿Me puedo ir ya?
Un tanto confuso por la situación y sintiendo lástima por el señor, seguí caminando antes de que me asaltaran a mí también. De frente, caminando hacia mí, pude ver a un hombre con aspecto de llevar sin ducharse varios días. Cuando llegó a mi altura, me preguntó con extrema amabilidad si tenía algo suelto. Le dije que no y seguí con mi camino mientras su tono de voz cambiaba radicalmente perdiendo cualquier rastro de amabilidad al llamarme hijodeputa, así, todo junto. “¿Algo suelto?” pensé. “¿No te llega con tu lengua?” Pero en seguida mis pensamientos derivaron hacia algo más trascendental. “¿Lengua suelta? ¿En qué momento me ha poseído el espíritu de una señora de sesenta años?”
Por fin llegué a la facultad y me dirigí, sin demora, hacia la cafetería. El camarero se sorprendió al verme y me preguntó: “¡Coño! ¿Y tú por aquí?” A lo que yo contesté, extrañado: “¿En la cafetería?” “No, no; en la facultad.” Da que pensar.
Finalmente entré en el aula y me senté al lado de un compañero cuyo nombre no diré para preservar su intimidad. Y lo único que se me ocurrió decir fue:
- Ayer me enteré de que Tolstoy era vegetariano.
- Así está.
- ¿Cómo?
- Muerto.
El clima me está licuando el cerebro y los lunes las ganas de vivir. Menos mal que mañana ya es martes.

2 comentarios:

moda hip hop dijo...

Me gusta...

Esther V dijo...

jajaja hacía mucho mucho q no venía a cotillearte. Me meo...