Vaya tío, ¿eh? Tutankamón, quiero decir. Faraón con tan solo
diez años, a tan tierna edad no se le ocurrió otra cosa que, como a la mayoría
de los políticos, deshacer lo hecho por sus antecesores. Así que, mostrándole
el dedo corazón al bueno de Akenatón, se meó en su revolución religiosa para
devolverles a los sacerdotes todo su poder.
A los 19 años, sabiendo que ya había hecho suficiente,
decidió palmarla. Life fast, die faraón.
No es para menos: sabiendo el templo que le aguardaba, normal que estuviese ansioso
por mudarse. Y hasta después de muerto siguió siendo el puto amo, siendo la
suya la única tumba real egipcia encontrada intacta, sin ser víctima de
saqueadores y, de lejos, la mejor conservada.
Ahora, un reciente estudio ha desvelado que Tutankamón fue,
como todos nosotros, hijo de su padre y de su madre. La diferencia estriba en
que, al parecer, los progenitores del ilustre faraón eran hermanos. Sí, entre
ellos. Es decir, que su madre era al mismo tiempo su tía y, su padre, su tío.
Vamos, que el célebre rey egipcio fue fruto del incesto, para decir las cosas
claras.
Esto, por supuesto, dio pie a numerosas situaciones cómicas.
Como aquel día en que el faraón llegó triste al colegio y le preguntaron: “¿Qué
te pasa Tutan?”. Él explicó, afligido, que se había muerto su abuelo. Cuando le
preguntaron si era por parte de madre o de padre, él contestó: “Sí.”
Sin embargo, a pesar de esto, sigue siendo Tutankamón una de
las celebrities del Antiguo Egipto, gracias,
en gran medida, a su magnífico templo funerario. Y precisamente de
construcciones faraónicas sabemos un rato en nuestro país. Sin ir más lejos, en
Santiago de Compostela tenemos una maravilla arquitectónica, visitada por
millones de turistas cada año. Me refiero, por supuesto, a la Ciudad de la Cultura,
tumba de Fraga I.
Y aunque existe cierto paralelismo entre España y el Antiguo
Egipcio, como la endogamia y las grandes construcciones realizadas para el
regocijo de los mandatarios, como, por ejemplo, el Paseódromo de Castellón,
nuestro país no se ha prodigado mucho en la egiptología. Esto es debido a que
los egipcios eran unos maestros en el arte de conservar incorruptos los cuerpos
durante mucho tiempo, mientras que aquí la corrupción es ya, más que una moda,
una forma de vida.
Tenemos, entre otros, a los pijos, a los metrosexuales, a
los modernos y a los corruptos. Y eso está bien, porque ha acercado
generaciones. ¿Que a Bárcenas le sale un hijo díscolo, amante del cine gore? Ya
tienen algo en común, a uno le gusta la Serie B y al otro la Contabilidad B.
Y es, además, importante mantenerse fiel al estilo de vida
que uno ha elegido. Así Blesa, el primer delincuente con nombre de marca de
leche, pretendió que 15 de los 16 millones de su fianza los cubriera la póliza
que él había suscrito con Mapfre como presidente de Caja Madrid. Con dos
cojones. Le faltó ver el ticket de la fianza y preguntar si podía pagar con
tarjeta.
Así que si Tutankamón pudo hacer lo que quiso con Egipto
siendo un vástago incestuoso, al mismo tiempo hijo de sus padres y de sus tíos,
qué no harán con este país los Blesas, los Bárcenas, los Camps, los Pujols, los
Fabras, los Correas, las Pantojas y un inmenso etcétera, siendo tan solo hijos
de puta.
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