3/11/14

Vaya tío

Vaya tío, ¿eh? Tutankamón, quiero decir. Faraón con tan solo diez años, a tan tierna edad no se le ocurrió otra cosa que, como a la mayoría de los políticos, deshacer lo hecho por sus antecesores. Así que, mostrándole el dedo corazón al bueno de Akenatón, se meó en su revolución religiosa para devolverles a los sacerdotes todo su poder.
A los 19 años, sabiendo que ya había hecho suficiente, decidió palmarla. Life fast, die faraón. No es para menos: sabiendo el templo que le aguardaba, normal que estuviese ansioso por mudarse. Y hasta después de muerto siguió siendo el puto amo, siendo la suya la única tumba real egipcia encontrada intacta, sin ser víctima de saqueadores y, de lejos, la mejor conservada.
Ahora, un reciente estudio ha desvelado que Tutankamón fue, como todos nosotros, hijo de su padre y de su madre. La diferencia estriba en que, al parecer, los progenitores del ilustre faraón eran hermanos. Sí, entre ellos. Es decir, que su madre era al mismo tiempo su tía y, su padre, su tío. Vamos, que el célebre rey egipcio fue fruto del incesto, para decir las cosas claras.
Esto, por supuesto, dio pie a numerosas situaciones cómicas. Como aquel día en que el faraón llegó triste al colegio y le preguntaron: “¿Qué te pasa Tutan?”. Él explicó, afligido, que se había muerto su abuelo. Cuando le preguntaron si era por parte de madre o de padre, él contestó: “Sí.”
Sin embargo, a pesar de esto, sigue siendo Tutankamón una de las celebrities del Antiguo Egipto, gracias, en gran medida, a su magnífico templo funerario. Y precisamente de construcciones faraónicas sabemos un rato en nuestro país. Sin ir más lejos, en Santiago de Compostela tenemos una maravilla arquitectónica, visitada por millones de turistas cada año. Me refiero, por supuesto, a la Ciudad de la Cultura, tumba de Fraga I.
Y aunque existe cierto paralelismo entre España y el Antiguo Egipcio, como la endogamia y las grandes construcciones realizadas para el regocijo de los mandatarios, como, por ejemplo, el Paseódromo de Castellón, nuestro país no se ha prodigado mucho en la egiptología. Esto es debido a que los egipcios eran unos maestros en el arte de conservar incorruptos los cuerpos durante mucho tiempo, mientras que aquí la corrupción es ya, más que una moda, una forma de vida.
Tenemos, entre otros, a los pijos, a los metrosexuales, a los modernos y a los corruptos. Y eso está bien, porque ha acercado generaciones. ¿Que a Bárcenas le sale un hijo díscolo, amante del cine gore? Ya tienen algo en común, a uno le gusta la Serie B y al otro la Contabilidad B.
Y es, además, importante mantenerse fiel al estilo de vida que uno ha elegido. Así Blesa, el primer delincuente con nombre de marca de leche, pretendió que 15 de los 16 millones de su fianza los cubriera la póliza que él había suscrito con Mapfre como presidente de Caja Madrid. Con dos cojones. Le faltó ver el ticket de la fianza y preguntar si podía pagar con tarjeta.
Así que si Tutankamón pudo hacer lo que quiso con Egipto siendo un vástago incestuoso, al mismo tiempo hijo de sus padres y de sus tíos, qué no harán con este país los Blesas, los Bárcenas, los Camps, los Pujols, los Fabras, los Correas, las Pantojas y un inmenso etcétera, siendo tan solo hijos de puta.

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