Por supuesto, el asunto de Ricky Martin y la mermelada, el
perro y Sopresa, sorpresa volvió a
salir a colación. Es un tema cíclico que en algunas facultades de filosofía ya
se emplea para explicar la teoría del eterno retorno (el de Nietzsche, no el
del Jedi). Es algo histórico, a pesar de que nadie tenga pruebas de ello, como
si toda la documentación que pudiera probar que realmente sucedió se hubiera
perdido en el incendio de la Biblioteca de Alejandría.
Es el carácter histórico del Suceso de la Mermelada lo que
hizo que todos nos sorprendiéramos cuando uno de los presentes dijo que el
protagonista no canino, no infante y no conserva de frutas, es decir, el hombre
que estaba en el armario, era Enrique Iglesias. Es como si alguien hubiera
afirmado que el autor de El Quijote
es Shakespeare. Porque los diferentes actores del Suceso son variables, la
mermelada puede ser Nocilla, el perro puede ser un Yorkshire o un Caniche, pero
Ricky Martin siempre será el hombre en el armario, por mucho que se empeñe en
salir de él.
Tras hacerle ver su error, pronunció una frase que
conmocionó a todos los allí reunidos: “Entonces Enrique Iglesias es el del pene
de tres centímetros.” Habló con un aplomo digno del mismísimo Júpiter; con una
seguridad científica, como si estuviera siguiendo una fórmula. Si no A,
entonces B. Lo que volvió, una vez más, a sembrar la extrañeza entre los
presentes. Sin embargo, él, completamente seguro de su tesis, me invitó a que
buscara en mi móvil, ahora que he vuelto al mundo de la alta tecnología tras el
triste fallecimiento de mi Nokia del Pleistoceno, “Enrique Iglesias Pene 3 Cm”.
Lo cierto es que hace años que tengo acceso a diferentes modelos de cuchillos,
pero no por ello me he abierto las venas en canal.
Sin embargo, el motivo por el que no lo busqué fue bien
distinto. No porque no quisiera ver el pene del insigne cantante de la verruga
(que tampoco es que me haga especial ilusión), sino porque… ¿Qué habría
sucedido si al salir del bar hubiera fallecido en extrañas circunstancias? ¿Si,
para aclarar los pormenores de mi muerte, la Policía hubiera comprobado los
últimos movimientos de mi teléfono móvil?
Lo más probable es que hubiera creado un precedente. Las
madres ya no dirían aquello de “ponte una muda limpia, por si acaso”, sino que
nos gritarían (os gritarían, yo ya estaría muerto) mientras salimos por la
puerta de casa ¡No busques el pene de Enrique Iglesias antes de cruzar!
Afortunadamente, ni lo busqué ni fallecí en extrañas
circunstancias, pero sobre todo me alegro de lo primero. Porque… ¿Qué exequias
otorgarías a un hijo cuyo último interés en la vida fue averiguar el tamaño del
miembro de un cantante regular? ¿Qué clase de funeral le dispensarías a aquel
cuya última visión fue un pene de tres centímetros? Posiblemente uno muy breve,
escueto y sucinto.
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