Lo conocí cuando trabajaba para un periódico. Nunca me
publicaron su historia porque, ya sabes, no es de las que interesan.
Jean-Pierre nació en Francia pero se crió en España. Era antropólogo y viajó
por todo el mundo. Los últimos años de su vida los dedicó a la búsqueda de un
ser mitológico de cuya existencia estaba convencido. Lo tomaron por loco.
Pasó un tiempo recluido en una clínica, rodeado de sus
apuntes y estudiando libros antiguos. Hasta que decidió ponerse en marcha. Ni
la edad ni los deseos de su familia de tenerlo bajo control pudieron impedir
que se pusiera una mochila a la espalda y se fuera tras la pista de aquella
criatura maravillosa.
Cuando lo conocí, poco antes de morir, la voluntad había dado
paso a la enfermedad y apenas podía valerse por sí mismo. Vivía recluido en su
casa bajo el cuidado de una enfermera. Allí me entrevisté con él para hablar de
su búsqueda. Me contó que aquellos fueron los años más duros de su vida, pero
también los más gratificantes. Viajó a lo largo y ancho del mundo siguiendo la
pista de la criatura, desde los lugares más fríos hasta los más áridos. Por fin
se dio cuenta de que lo que buscaba tenía que haber vivido, si es que alguna
vez existió, en el mismo sitio del que había partido. Así que regresó a España
y la recorrió de punta a punta.
“Llegué a la cima de aquel pico exhausto”, me contó
Jean-Pierre. “Tenía el cuerpo aterido por el frío y la nieve me impedía
caminar… Allí fue donde lo vi. Fue solo un segundo, pero fue maravilloso. Pasó
detrás de unos árboles, me miró unos instantes, y siguió su camino.”
“Estaba convencido de su existencia”, prosiguió el anciano,
“aunque en el fondo de mi alma sospechaba que se habían extinguido hace más de
una década. Sin embargo, allí estaba, ante mis ojos. Te lo juro, una vez vi a
un mileurista.”
2 comentarios:
:) Bravo
OOOLÉ !
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