1/3/14

Las bolas de Cuarón

Decir que Gravity es una mierda por el descomunal tamaño de sus imprecisiones científicas es como decir que Terminator es un bodrio porque no existen los viajes en el tiempo, o que Blade Runner es una bazofia porque los coches no vuelan. Sin necesidad de entrar en disquisiciones espaciales, hay otros muchos motivos por los que afirmar que Gravity es una de las películas más sobrevaloradas del siglo.
Gravity, toda ella, es como el final de cualquier película de catástrofe espacial, léase Apolo XIII o similar. Alfonso Cuarón, el hijo de los hombres, coge esos últimos 15 minutos y los estira durante hora y media. En esos 90 minutos hace que la cámara dance como una bailarina de ballet, ofreciendo unas maravillosas imágenes en 3D. Pero todo es puro artificio en Gravity, no hay nada más que una gran habilidad técnica. 
No sé si alguna vez habéis paseado por las ramblas de Barcelona (o alguna calle similar en alguna otra ciudad) y os habéis detenido a observar a los trileros que, con una caja de cartón, tres vasos opacos vueltos del revés y una bolita se afanan en sacarle los cuartos a los guiris. Cuarón hace algo similar, empleando una técnica propia de los grandes prestidigitadores. Mientras con una mano en un impresionante 3D desvía la atención del guiri-espectador, con la otra firma un guión tan sumamente plano que ni los mejores efectos especiales consiguen dotar de profundidad. Pero no hay problema, porque el espectador está demasiado embelesado con el bello paisaje espacial y alucinando con cómo los objetos parecen salirse de la pantalla. 
Con la llegada de los títulos de crédito, como si fuera la sirena que alerta de la llegada de la policía, Cuarón recoge rápidamente su caja de cartón, sus vasos y su bolita (sus bolazas, diría yo) y se aleja rápidamente de la escena, dejando al espectador con los bolsillos dados la vuelta pero sin ser conscientes de que han sido víctimas de un timo. Una treta que permitirá a la señora Bullock embolsarse aproximadamente unos 70 millones de euros por flotar un rato en el espacio, chocarse constantemente contra cosas y pasearse en calzoncillos. Supongo que el señor Alfonso, y su mamá también, estará muy orgulloso, y tranquilo, de haber conseguido engañar a tanta a gente. Al fin y al cabo, en el espacio nadie puede oír sus carcajadas.
Es por esto que creo que, siendo los Oscar una de las grandes estafas americanas, el premio más grande se lo merece el trilero mayor, Alfonso Cuarón.

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