Ella descansa en una butaca esquinada en el cuarto de estar.
Yo me siento cerca y escucho con atención la historia que aquella señora, una
suerte de Wikipedia con arrugas, me relata:
–Fue hace mucho tiempo, tú aún no habías nacido. Aquella
mañana me desperté antes de lo habitual. Tu abuelo, que aún vivía por entonces,
todavía estaba dormido a mi lado. Me levanté sin hacer ruido y fui hacia el
salón. Había una atmósfera extraña, de excesiva calma, y tuve el presentimiento
de que aquel no sería un día normal. Abrí la ventana y observé maravillada el
cielo, de un color que jamás había visto. El aire fresco de la mañana entró por
la ventana, trayendo un olor muy especial… Era un ambiente como de fantasía…
La anciana interrumpe su discurso, ensimismada, como si
realmente hubiera regresado a aquel día y volviera a abrir la ventana del salón.
–Cuéntame más, abuela –insisto con impaciencia–. Quiero
saberlo todo sobre la última vez que no llovió.
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