Acabo de tener una idea para una película. La cuento aquí
por si alguien del Ministerio de Cultura la leyera por casualidad y decidiera
darme una subvención para llevarla a cabo. Aunque, tal como están las cosas,
más me valdría hacerme matador para recibir dinero de un ministro, nuestro
bienamado Wert, que mientras intenta cortarle las orejas a don Erasmo, se salta
a la torera las demandas estudiantiles y le pone la puntilla al cine y a otras
industrias culturales, convoca el Premio Nacional de Tauromaquia, dotado con
30.000 euros, “destinado a reconocer los méritos extraordinarios de un profesional en las
diferentes actividades de la tauromaquia”. ¡Viva España y olé!
Mi película está ambientada en un país retrógrado, cuyos
ciudadanos pierden cada día más derechos y libertades, en un futuro distópico.
¿Qué sé yo? En España en 2014, por ejemplo. En la primera escena vemos a una
joven pareja consultando un predictor. Mientras él da saltos de alegría, ella
pone expresión abatida. Primer giro dramático de la película: descubrimos que
el hombre no ha entendido bien las instrucciones del predictor.
No sabemos los motivos por los que se ha quedado embarazada;
si falló su método anticonceptivo, o es que no usaron ninguno, poco importa
para el desarrollo de la trama. La mujer concluye que no es el momento de ser
madre y decide abortar. La pareja, sentada en el sofá, acuerda ir al día
siguiente al médico para informarse de qué es lo que tienen que hacer.
Relajados tras haber tomado esta decisión, se ponen a ver la tele. En los
informativos se enteran de una trágica noticia: el Gobierno ha decidido aprobar
una ley llamada, por ejemplo, Ley Orgánica de Protección de la Vida del
Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, que, en un ejercicio de
ironía y paradoja, recorta fulminantemente el derecho de la mujer embarazada a
decidir sobre su embarazo. La ley entrará en vigor al día siguiente, por lo que
la pareja se verá inmersa en una trepidante aventura para conseguir abortar esa
misma noche. Ya tengo título y todo. Se llama Aborto hasta el amanecer.
La pareja tendrá que luchar contra las poderosas fuerzas que se
interpondrán en su camino: miembros de Asociaciones Provida y curas, obispos y
cardenales que estarán dispuestos a acabar con ellos para salvaguardar la
integridad del feto. El momento estelar será la aparición de un miembro de las
Juventudes del PP, al estilo de Bruce Campbell en El ejército de las tinieblas, pero con una pala por brazo,
intentando hacer abortar a la protagonista a palazos mientras grita “¡No con mi
dinero!”
Para el desenlace tendréis que esperar al estreno en cines.
El tema de la nueva ley del aborto da para hacer infinidad de
películas. Por ejemplo, Regreso al pasado,
en la que Michael J. Fox deberá viajar en el tiempo, ayudado por Rouco Varela,
para impedir que su madre le aborte.
Pero lo cierto es que más que la exaltación cinematográfica, lo que me
invade es un sentimiento de incipiente vergüenza. Nuestro querido Gobierno ha
parido una nueva genialidad, que deja más que patente la influencia de la Iglesia
Católica en nuestra sociedad. Así pues, para luchar contra los embarazos no
deseados promulgan, entre otras cosas, la abstinencia, práctica que no
practican, valga la redundancia, ya que llevan mucho tiempo dándonos por el
culo, influenciados, una vez más, por las costumbres eclesiásticas.
Parece que aun no se han dado cuenta de que la Iglesia debería
preocuparse más por lo divino y menos por lo uterino, y el Gobierno más por el
paro y menos por el parto. Pero bien pensado, no sé qué más quieres, mujer.
Suficiente con que os dejemos elegir en las urnas a los que decidirán sobre
vuestro derecho a decidir sobre vuestro cuerpo. Y ahora, a fregar, que este
postfranquismo no se va a limpiar solo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario