20/11/13

Espejo negro

¿Qué pasaría si el primer capítulo de Black Mirror, aquel en el que el primer ministro británico debe follarse a un cerdo si quiere salvar la vida de la princesa secuestrada, tuviera lugar en España?
Para empezar, el secuestrador lo tendría realmente jodido para raptar a un miembro de la realeza al que el grueso de la población tuviera la suficiente estima como para presionar al Gobierno para que tomara medidas. Tal como están las cosas, hasta los más monárquicos deberían estar agradecidos de tener una boca menos que alimentar. Mientras el secuestrador no nos pase las facturas de la manutención de la princesa, sería un considerable alivio para las arcas españolas. ¿No hablan siempre de que vivimos por encima de nuestras posibilidades? Pues tienen razón: mantenemos a más miembros de la realeza, ministros, diputados, políticos en general, coches oficiales y iPads de lo que podemos permitirnos.
El secuestrador tendría que ir a por alguien a quien los españoles tuvieran un verdadero aprecio, alguien por quien se movilizaran sin dudarlo. Porque, al fin y al cabo, ¿quién estaría dispuesto a exponerse a multas de hasta 600.000 euros por salir a la calle para exigir una pronta solución para el secuestro de alguien de la casa real? Que le den por culo a la princesita.
Para que el criminal consiguiera tocar en la fibra de un alto porcentaje de la población española, lo más probable es que debiera secuestrar a un futbolista, o a esa otra princesa, la del pueblo, Belén Esteban, aunque probablemente el gasto en cocaína para mantenerla tranquila se le iría de las manos. Podría, quizás, probar con el crowdfunding. Por diez euros saldrías en los agradecimientos en los títulos de crédito del vídeo de rescate; por 25 te llevarías además un mechón de pelo y, por 50, la propia Esteban le gritaría a tu hija que se coma el pollo.
Una vez que el secuestrador hubiera hecho públicas sus exigencias, el presidente del Gobierno, con el fin de aclarar la situación y despejar cualquier duda, comparecería con la mayor celeridad posible ante los medios a través de una pantalla de plasma. En HD, eso sí. Que no falte de nada. Los principales medios del país comenzarían la cobertura del caso con la profesionalidad a la que nos tienen acostumbrados. Estaríamos informados, minuto a minuto, de los aspectos fundamentales que rodean al caso: qué comió la víctima el día del secuestro, sus últimos estados de Facebook, el color de su ropa interior, una entrevista en exclusiva con un novio de la infancia al que hace quince años que no ve… Profesionalidad ante todo.
Tras meses de respuestas vagas por parte del Gobierno y nulos avances en la investigación, la gente seguiría exigiendo una solución, a no ser que hubiera un mundial de fútbol o de Fórmula 1 por el medio. El debate acerca de si debería el presidente mantener relaciones porcinas para salvar la vida de una persona sería un tema candente. Finalmente, sucumbiendo a la presión mediática, Mariano Rajoy comparecería en una rueda de prensa y diría frases como: “La cuestión no es follarse a un cerdo; yo me follaría a un cerdo por cualquier español cualquier día de la semana. La cuestión es que nosotros no negociamos con terroristas.” Hasta Ana Botella soltaría su relaxing cup of café con leche para aplaudir ante tamaña muestra de firmeza y principios.
El tema del sexo del animal también traería cola. ¿Debería ser hembra o macho? Las feministas pondrían el grito en el cielo, diciendo que es intolerable que sea una fémina a la que se utilice como moneda de cambio para liberar a la persona secuestrada; ya bastantes mujeres en el mundo son tratadas como objetos, como para alimentar esa llama. Sin embargo, dentro de las feministas se produciría una escisión, y algunas de ellas exigirían que fuera hembra, ya que tienen los mismos derechos y oportunidades que los machos, afirmando que así se acabaría de una vez por todas con esta sociedad machista, patriarcal y falócrata. Alguien de Femen enseñaría las tetas, por si acaso. Finalmente, alguien con la Ley de Paridad en la mano diría que lo más justo es que el presidente practicara el coito con un animal de cada sexo, zanjando así la polémica.
Los meses irían avanzando entre ruedas de prensa, comparecencias en el congreso, tertulias y Tweets. Los medios de comunicación ya habrían entrevistado hasta el último portero que vio alguna vez al desaparecido. El secuestrador, como es natural, perdería la paciencia y mandaría un dedo cortado dentro de una caja al presidente del Gobierno. Craso error, amigo mío. Un nuevo debate se abriría entorno a este nuevo movimiento. ¿Es en realidad el dedo de procedencia humana o animal? Se empezaría así un largo proceso para determinar la naturaleza del apéndice con análisis de ADN y diversas pruebas forenses. El clímax mediático llegaría con un especial de Sálvame Deluxe con José Bretón como invitado especial jurando sobre la tumba de sus hijos que ese hueso pertenece a un conejo.
Lo extraño a estas alturas es que la Iglesia aun no se hubiera pronunciado al respecto. En un comunicado breve haría pública su solidaridad con la familia de la víctima y, en relación al presidente del Gobierno y el cerdo, diría que “mientras no se lo coma en viernes de Cuaresma, no tenemos nada que objetar”. La presión haría mella en Mariano Rajoy y la proximidad de las elecciones, no habiendo encontrado la manera de echarle la culpa del secuestro a ETA, haría que finalmente se decidiera a copular con el cuadrúpedo dándose ánimos a sí mismo: “Ánimo Mariano, que en peores plazas hemos toreado”.   
Consternado, el presidente acudiría a Rouco Varela en busca de consejo espiritual y, por qué no, también práctico, para llevar a cabo las exigencias del secuestrador. Sin embargo, Varela se declararía inútil para este caso: “Yo es que si pesa más de 30 kilos no sé cómo hacer…”
Mariano Rajoy ya desfila por el pasillo en dirección a su destino, pensando en que lo que va a hacer, lo hace por España y, de esta manera, ya no necesita Viagra. Pero, de pronto, un miembro de su gabinete se acerca corriendo al presidente y le informa de una noticia de última hora: el cerdo, que se encontraba bajo la custodia de los Mossos d’Escuadra, ha fallecido sin motivos aparentes. Los detalles de lo ocurrido no están nada claros porque, por supuesto, las cámaras de seguridad estaban apagadas. Una vez más, se inicia una serie de investigaciones a las que se pone fin meses después con un informe que demuestra que los Mossos se vieron obligados a emplear la fuerza para reducir al animal, ya que se empeñaba en resistirse a la autoridad. 
A estas alturas, el secuestrador, arruinado y hastiado, se habría entregado a la justicia que, once años después, lo juzgaría y declararía inocente del delito de secuestro, condenándolo únicamente a nueve meses de cárcel por desobediencia a la autoridad.

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