En la redacción corre el
rumor de que el rey no pasa por su mejor momento. Que está a un paso de su
regia tumba, vaya. La situación en la Zarzuela es digna de una película de
Berlanga, con mucho trajín y correveidiles. En medio de la confusión, el príncipe
Felipe lleva un sudario a su padre, ante la atónita mirada del monarca. Menuda
indirecta, hijo mío, dice el soberano. O algo parecido, ya sabéis, como si
tuviera un pie en la boca, o qué se yo, los cojones de Urdangarín contra el
frenillo de la lengua.
La reina Sofía pone el grito
en el cielo ante el gesto de su hijo, y exclama: “¡Su diario, su diario! Te
dije que le llevaras su diario...” El príncipe heredero se muestra avergonzado,
y replica: “Coño mama, es que cada día hablas más como papá...”
“Ni coño,
ni coña, y devuélvele el sudario a Francisco, que le va a coger el frío...” Más
vergüenza para el principito, que se aleja rumiando: “Yo pensaba que aquí todo
se heredaba...”
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