28/6/12

Gol de España


Ayer fui a una cena de cumpleaños programada para las diez. Me pareció digno de admiración que la persona homenajeada decidiera celebrarlo coincidiendo con el partido de la Eurocopa y en un restaurante sin televisión. Me quito el sombrero. Bravo. Eso es un cumpleaños con dos cojones: elegid, España o yo.
Luego me confesó que la fecha de la cena estaba programada antes de saberse la del partido y pronto alguien sacó un portátil para poder seguir a la Roja. Siempre me hace mucha gracia cuando alguien dice “hoy juega la Roja”, porque automáticamente me imagino a la Pasionaria echando un mus. 
El caso es que las conversaciones habituales en una cena de celebración se vieron interrumpidas por constantes  gritos y exclamaciones. Era bastante angustioso y tenso. Podías estar hablando tranquilamente con alguien sobre cómo le habían ido los exámenes, y de pronto sonaba un grito desgarrador en la otra punta de la mesa, que uno no sabía si habían traído la cuenta de la cena o se había mutilado alguien cortando la tarta. Pero no, tiro al palo.
Luego llegaron los penaltis y con ellos el súmmun de los berridos y los golpes en las mesas. No me voy a poner en plan demagógico con el discurso de “con la que está cayendo y vosotros, borregos, pensando solo en el fútbol”. La crisis no va a desaparecer porque se acabe el fútbol. Pero no estaría de más que la gente siguiera con el mismo interés que los penaltis los plenos del congreso, porque allí Rajoy nos ha marcado más de un gol y no he visto a la gente gritar así.
Finalmente ganamos. Ganamos. Así, en primera persona del plural. Y una de las chicas invitadas a la cena, a la que yo no conocía, se puso a llorar de la emoción. Eso es sentir el fútbol, cojones. Que las lágrimas corran por tus mejillas haciendo que se corra la pintura facial con la bandera de España. Que te quede la cara como Alice Cooper pero en rojo y amarillo.
Por fin las cosas volvían a la calma y aquello volvió a parecerse a una cena de cumpleaños. Empezaron a circular las primeras copas (de las que me gustan a mí, no de las que gana España) y la cosa volvió a la normalidad. En un momento dado la chica que se había puesto a llorar pasó a mi lado y la persona con la que estaba hablando yo, le dio la enhorabuena. Supuse que acababa de ser tía. Pero no, resultó que era la hermana del señor Fábregas, el artífice de la victoria española.
Para los que no sepan de fútbol, su hermano, con el que se había criado, había conseguido meter el esférico (la pelota, para los no iniciados) en la portería (esos palos con una red, como un cazamariposas gigante) dándole la victoria a su equipo (es decir, que él y sus otros diez compañeros, después de más de hora y media corriendo por el césped dándole patadas a un balón, habían conseguido meter más goles que los otros once jugadores del equipo rival). ¿Comprenden ahora la emoción?
Así que volvemos a tener a nuestro país en una final. Más gritos. Más coches pitando. Más banderas y pinturas faciales. Más plazas abarrotadas con pantallas gigantes y borrachos cantando “yo soy español, español, español…” Y lo peor aun está por llegar, porque podríamos ganar. Más petardos explotando toda la noche. Trompetas anunciando el Apocalipsis. Más borrachos gritando y cantando. Gente bañándose en fuentes. Las plazas echas un cisco. Y ruido. Sobre todo ruido. E imbéciles haciendo ruido.
Así que recuerdo a aquella chica llorando y pienso: coño, si mi hermano fuera el responsable de esto, yo también me echaría a llorar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja la cara de Alice Cooper!!! estas fatal! creo q voy a seguir a este doctor en filosofia llamado Bela
y soy Fer (mexa)

moda hip hop dijo...

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