Encontrábamonos ayer noche en uno de los peores antros de Santiago, disfrutando de la música más rancia del momento, cuando un simiesco individuo, desprovisto de camiseta, se acercó a nosotros con el fin de trasmitirnos un mensaje carente por completo de sentido. La respuesta de mi primo —que es un sabio— fue: «Escucha a Elliott Smith». El gorila pareció hacer cortocircuito, por lo que se alejó desconcertado. Pero no tardó en volver a intentar entablar comunicación. Sin embargo, tratar de conversar con él era igual que pretender charlar con un aborigen de una selva indómita, alejada de la mano de Dios, solo que en versión analfabeta. Por lo tanto mi primo se limitó a repetir, una y otra vez, «Elliott Smith, Soundgarden». El primate se mostraba desconcertado e incitaba a mi primo a repetirle lo que le decía, a ver si conseguía descifrar el mensaje. «Elliott Smith, Soundgarden». Por fin, el mico puso término a la delirante conversación del siguiente modo: «Mira, se queres falar conmigo, aprende castelán ou galego, estranxeiro de merda».
¿Qué puede decir uno ante semejante aseveración? ¿Ante semejante muestra de tolerancia y conocimiento del mundo? ¿Qué puede uno decir? Pues nada, por supuesto. En esta situación uno se limita a tirarle un cacahuete al ejemplar y a hacer mutis por el foro discreta y dignamente, quejándose mentalmente a Dios, ya que si Él los cría, debería juntarlos también, a ser posible en una jaula o cámara de gas.
Paz a los hombres de buena voluntad. Y a Elliott Smith.
¿Qué puede decir uno ante semejante aseveración? ¿Ante semejante muestra de tolerancia y conocimiento del mundo? ¿Qué puede uno decir? Pues nada, por supuesto. En esta situación uno se limita a tirarle un cacahuete al ejemplar y a hacer mutis por el foro discreta y dignamente, quejándose mentalmente a Dios, ya que si Él los cría, debería juntarlos también, a ser posible en una jaula o cámara de gas.
Paz a los hombres de buena voluntad. Y a Elliott Smith.
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