Las nuevas tecnologías y las redes sociales son temas que siempre han estado sometidos a debate desde su aparición. Sinceramente, es un tema que me la sopla bastante. Que cada uno las use como le plazca, ya sea para contar sus intimidades más sórdidas y ocultas o para subir sus fotos en bragas. No es asunto mío. Lo que si es asunto mío es cuando por culpa de las redes sociales y su deficiente funcionamiento (o mi ineptitud) acabo piropeando a un profesor.
Así de entrada tiene que sonar raro por fuerza. El caso es que un profesor que tuve en primero de carrera (uno de los mejores que he tenido hasta le fecha, todo sea dicho de paso) se encuentra entre mis contactos de Facebook.
Dicho profesor se encontraba conectado al chat, al igual que un señor pelirrojo que tengo en muy alta estima y con el que entablé conversación de chat llamándole guapo. Minimicé la ventana esperando la respuesta mientras seguía con mis importantísimas tareas en el caralibro cuando, para mi sorpresa, observé que tenía abierta una ventana de conversación con el profesor anteriormente citado y, por ningún lado, la ventana de mi querido amigo pelofuego. Sí, acababa de llamar guapo a un profesor. Además así, en masculino, para más homosexualidad del asunto. Aunque si le hubiera llamado guapa no sé si se lo tomaría como más a recochineo.
Lo que realmente habría estado simpático es que me contestase, “¡Tú sí que eres guapo! ¿Dónde y cuándo nos vemos?” Y gracias a Mark Zuckerberg habría surgido una extraña relación.
Así de entrada tiene que sonar raro por fuerza. El caso es que un profesor que tuve en primero de carrera (uno de los mejores que he tenido hasta le fecha, todo sea dicho de paso) se encuentra entre mis contactos de Facebook.
Dicho profesor se encontraba conectado al chat, al igual que un señor pelirrojo que tengo en muy alta estima y con el que entablé conversación de chat llamándole guapo. Minimicé la ventana esperando la respuesta mientras seguía con mis importantísimas tareas en el caralibro cuando, para mi sorpresa, observé que tenía abierta una ventana de conversación con el profesor anteriormente citado y, por ningún lado, la ventana de mi querido amigo pelofuego. Sí, acababa de llamar guapo a un profesor. Además así, en masculino, para más homosexualidad del asunto. Aunque si le hubiera llamado guapa no sé si se lo tomaría como más a recochineo.
Lo que realmente habría estado simpático es que me contestase, “¡Tú sí que eres guapo! ¿Dónde y cuándo nos vemos?” Y gracias a Mark Zuckerberg habría surgido una extraña relación.
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