25/9/10

Cosas que me irritan I

Caminaba yo hacia mi casa, cuando me encontré en mi camino una serie de elementos que combinados entre sí constituyen una de las cosas que más me joden cuando circulo por la vía pública: una señora en el lado de la acera más cercano a los edificios, un perro en el otro extremo de la acera -el más pegado a la carretera- y por el medio una correa de esas que se estiran y se encogen a gusto del dueño del animal uniendo a las dos bestias y cortándome el paso. ¡Señora! Acérquese al chucho o haga que el chucho se acerque a usted, pero no me plante en medio de la acera una gincana que ya suficiente esfuerzo hago todos los días levantándome de la cama.

Esta desconsideración se podría encuadrar en la misma categoría de las señoras con paraguas que van por la parte cubierta de la acera, esas que parecen que están inscritas en un macabro concurso que consiste en sacar el mayor número de ojos. Combinadas ambas cabronías el resto de los viandantes nos convertimos en concursantes de una especia de Humor Amarillo, pero sin puta gracia.

Volviendo al asunto del cuadrúpedo mamífero y del perro, hubo algo que me dejó un tanto extrañado. Uno, con el paso de los años y la experiencia que esto da, se ha acostumbrado a escuchar a la gente hablando con sujetos de lo más inverosímiles: los hay que hablan con sus plantas, los que dialogan hasta el vocifero con sus aparatos electrónicos (ordenadores, televisores, etc…) y los que hablan con sus mascotas. Pues la señora que los designios del señor quisieron poner hoy en mi camino, estaba allí plantada charlando con su perra, que permanecía inmóvil en su puesto en la acera. Le decía: “Pepa – no voy a entrar a valorar el nombre del pobre animal porque no me quiero cabrear- ¿qué quieres?” Obviamente el perrete no mostraba intención alguna de contestar, pero miraba fijamente a la acera de enfrente. “¿Qué quieres Pepa?” Pepa no sé, pero yo lo que quiero es que me deje pasar, si no es molestia. “Perdona joven, pasa, pasa.” Tras flanquearme el paso, seguí escuchando a mis espaldas la conversación. “No Pepa, por ahí no se puede cruzar, vamos al paso de cebra.” Instantes después, giré la cabeza, y vi como el animal y Pepa corrían a la otra acera, cruzando por donde el perro había estimado oportuno hacerlo.

Entonces uno se pregunta: lo que yo vi… ¿Era una señora sacando a pasear a un perro, o un perro sacando a pasear a una señora? Nunca lo sabremos, pero así, en petit comité, yo me decanto por la segunda opción.

Bienvenidos a una nueva temporada en El asombros blog from el espacio exterior.

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