4/10/17

Menos es MásMóvil

Una de las cosas que más grima me produce de mudarme es contratar internet en casa. Me da una pereza hiperbólica navegar entre las ofertas de las diversas compañías hasta encontrar la menos pirata de todas. Están compañías como R, Orange o Movistar, que te encandilan con ofertas considerables durante los tres primeros meses, especialmente si unificas Wi-Fi, televisión, teléfono fijo y teléfono móvil, el tuyo y el de tu padre, seguido de una inflación digna de las peores crisis del petróleo. Tras el silencio incómodo que se produce cuando afirmas que tele no tengo, teléfono fijo no me interesa y de móvil ya estoy bien, gracias, te ofrecen con mal disimulada displicencia una tarifa que, oiga, no está nada mal, hasta que sigues con la vista el recorrido invisible que une el asterisco que acompaña al precio con el que encabeza la letra pequeña y descubres algo maravilloso llamado cuota de línea, o cómo duplicarte el precio con dos sustantivos y una preposición.

Finalmente llegan a mis oídos las virtudes de MásMóvil que, francamente, no pinta nada mal. Introduzco mi número y pulso con el dedo en la pantalla de mi móvil el botón de "llamadme gratis". Instantes después una voz femenina me saluda con un cordial "Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?". Me explica las condiciones, el precio (que, según dijo, es "para siempre", más un único gasto de diez euros por el envío del módem) y la permanencia (de 8 meses pero, y cito literalmente, "como si no la tuviera", porque si te das de baja antes solo tienes que pagar lo correspondiente a un mes). Le digo que me parece todo alright y ella me pregunta si soy yo el que toma las decisiones en casa. Una pregunta complicada. Le digo que tengo que consultarlo y ella se ofrece a llamarme en un rato. Decidimos que venga, al lío, MásMóvil sea. Me llama de nuevo y empezamos el proceso de contratación. Me faltan datos. Dice que no hay problema, que me llama luego. Y así sucesivas veces. Me ha llamado esta señora más veces en un día que mi madre en el último mes. Conseguimos finalizar el proceso y me asegura que en breves me llegaría el módem y un técnico se pondría en contacto conmigo para la instalación. Perfecto, oiga.

Dos días después un mensajero nos trae a la puerta de casa el módem. Del técnico no hemos tenido noticias, ni se esperan. Los días pasaron y empecé a ponerme nervioso, así que decidí ponerme en contacto de nuevo con MásMóvil. Y ahí empiezan las risas. Introduzco mi número de nuevo y pulso "llamadme gratis". Instantes después otra voz me repite aquello de "Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?". Le explico que yo ya tengo un servicio contratado pero que necesito hacer una consulta. Me contesta que ese no es el teléfono correcto para dudas y consultas y me indica dónde hacerlo. Cuelgo, marco (un número no gratuito, por cierto) y, vaya, qué casualidad, ahora que mi llamada no está motivada por la contratación de un producto ya no soy digno de que ser atendido por un ser humano, sino que me recibe la fría y calculadora voz de un robot dándome diversas opciones. La primera es en qué idioma quiero ser atendido; para ser atendido en español, marque uno. Dejo que siga hablando, por curiosidad, y cuando llega al suajili decido marcar el número uno sorprendido con la cantidad de lenguas que domina esta gente de MásMóvil (salvo, curiosamente, gallego, catalán y euskera). Una voz, robótica también, me pregunta "¿Cuál es el su número de teléfono móvil MásMóvil, dígito a dígito?". Silencio. No tengo número de móvil MásMóvil, solo he contratado Internet, y se supone que me han asociado un teléfono fijo, porque te dan uno quieras o no quieras, pero tampoco lo sé porque nadie se ha molestado en decírmelo (y no tengo línea en casa por lo que ni siquiera puedo llamarme para averiguarlo). "No he entendido, ¿puede repetir?", inquiere la voz. Cuelgo desconcertado.

No me desanimo. Busco en la página de MásMóvil y encuentro otro teléfono de supuesta atención al cliente. Una voz robótica me indica que si soy una empresa marque uno, si soy un particular, marque dos. Elijo la segunda opción y, para continuar, se me solicita que introduzca mi número de teléfono fijo MásMóvil. Del desconcierto paso al ligero mosqueo. Vamos a ver... Que no lo sé, que no me lo han dicho, que me dejéis hablar con alguien. "No he entendido, ¿puede repetir?". Uy, qué música, vamos a llevarnos bien Mr. Robot...

El que sigue, la consigue (dicen), así que busco y encuentro otro número de "atención al cliente" (por llamarlo de alguna manera). Marco mientras me pregunto qué tipo de casa de locos tiene tantos teléfonos diferentes de contacto para el consumidor. Una voz, robótica, por supuesto, me informa de que si quiero escuchar la oferta comercial haga el favor de marcar uno y que si, por el contrario, ya soy cliente de MásMóvil y deseo alguna información sobre mi factura, hacer una reclamación o hacer otra consulta, marque dos. Esta es la mía, pienso mientras pulso dos lleno de renovado entusiasmo. "Si ya es cliente de MásMóvil y quiere información sobre su factura, hacer una reclamación o hacer otra consulta, llame al 23*ruidoindescifrable*3. Gracias." Y cuelga sin más ceremonias. Vamos a ver, que no me quiero cabrear. ¿Por qué no me comunican ya desde ahí? ¿Qué quieren de mí? Marco el número que creí entender y mi teléfono me informa de que no hay ningún cliente asociado a ese número. Mecagoensatanás... Llamo de nuevo a MásMóvil. "Si quiere escuchar la oferta comercial marque uno, si ya es cliente de Más Móvil y quiere..." Etc, marco dos. Que digo yo que podían decir directamente el número sin hacerme marcar el dos para luego repetirme la frasecita y mandarme a la mierda. Marco dos. Me repite la puñetera frase y el teléfono. Ahora sí. Lo tengo. "Gracias." A ti. Marco el número de cuatro dígitos que me ha dicho. Mi teléfono me informa de que el número marcado no existe. Estamos de cachondeo. A estas alturas creo que sería más sencillo contactar con alguna persona, un sentimiento con seres humanos, mediante güija que por teléfono. "Si desea maldecir a todo el departamento de atención al cliente, marque 666."

Decido que a la mierda todo, que me van a oír quieran o no. Introduzco mi número y pulso el botón de "llamadme gratis". Enseguida me llama una voz humana (¡Por fin! Estaba a un paso de pintarle una cara a una pelota de vóley y ponerme a hablar con ella): "Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?" Mire, yo es que ya soy cliente. De Internet. Tengo el módem y todo aquí en casa. Pero es que no sé cuándo van a venir a hacer la instalación, si es que van a venir, y no consigo hablar con nadie. Que no es por meter prisa, que me da igual si viene hoy, mañana o dentro de un mes. Es por saber si le espero o ya desespero del todo. Ya sé que este es el servicio de altas, pero mire a ver si usted, por favor, pudiera comunicarme con alguien. "Lo siento, pero es que este es otro departamento y no puedo comunicarle con nadie". Pues me va a permitir que le diga que para ser una empresa de comunicaciones, se comunican fatal. "Ya, bueno..." ¿Quién es el perturbado desquiciado y kafkiano que diseñó la arquitectura de comunicaciones de esta empresa? Me encantaría conocerlo. "..." Vamos a ver, es que para atenderme me piden mi número de teléfono MásMóvil para pasar la primera barrera, pero es que móvil no tengo y el fijo no me lo ha dicho nadie. "Ya, entiendo..." Entonces no tengo manera de hablar con nadie para saber cuándo va a venir el técnico para instalarme un servicio que ya tengo contratado. "Entiendo, pero es que yo no puedo hacer nada." Entonces lo que voy a hacer es devolver las facturas, de momento imagino que solo tengo la del módem, porque no voy a pagar por un servicio que no tengo. "Tiene usted razón." Pero... Oiga, quiero decir... Que me doy de baja, eh. Que pongo una reclamación en consumo y devuelvo cualquier factura que me llegue. "Lo entiendo, es lo que debería hacer..."

No te jode, claro que lo entiende. Y le da igual, ¡vaya si le da igual! (A mí también me daría igual todo si trabajara para una empresa sacada de El proceso.) Mi amenaza se la trae al pairo porque sabe que no hay manera humana de darse de baja porque los empleados de MásMóvil solo están programados para dar de altas, único departamento que realmente existe en esta empresa de perturbados. Por eso, cuando di de alta el servicio me dijeron que el precio era de por vida, porque moriré sin darme de baja (¡porque jamás podré hablar con nadie!) y sin que me proporcionen el servicio.

Pues nada, gracias eh, hasta luego. "Gracias por su llamada, ¿puedo ayudarle con algo más?" ¿Estás de broma?

Decido que soy muy joven para que me de un infarto así que salgo a dar una paseo y, de paso, a comprar las entradas de un festival de cine que empieza en los próximos días. Saludo a la taquillera, hola buenas tardes cómo está, y le pido que, si es tan amable, me dé dos abonos para el festival de cine, por favor y gracias. Ya me pone cara rara, mal empezamos. "Mira, es que los abonos los tengo aquí —dice señalándolos—, pero es que aun no puedo venderlos... ¿Te importa volver dentro de un rato?"

Faltaría más, ¿para qué está mi tiempo sino es para perderlo lidiando con agentes al servicio de la burocracia kamikaze? Vuelvo en un rato y cuando me ve llegar pone cara de no te va a gustar lo que te voy a decir. "Lo siento, aun no puedo venderlos..." ¿Qué quieres decir con que no puedes? ¿No puedes físicamente? ¿Te están apuntando con un arma? ¿Qué necesitas para poder venderlos? "Yo que tú volvería más tarde... O mañana." Vuelva ya si eso cuando sea, por @marianojosédelarra, romántico 2.0. "Pero mira, puedes comprar las entradas por internet..." Me explota la cabeza. No sé si tratar de explicarle que no tengo internet, pero que de verdad, te lo juro, estoy luchando por tenerlo, o si intentar comprender cómo, teniéndolas físicamente en la mano, que las estoy viendo, las blande mientras me dice que no puede proporcionármelas, puede vender las entradas online pero no aceptar mi sucio dinero directamente de mi mano. Mi cerebro intenta hacer las dos cosas a la vez, colapso, y me voy farfullando y gesticulando con los brazos mientras me empiezan a salir espumarajos por la boca.

De camino a casa se me abre algún chakra y decido llamar a uno de los múltiples números de MásMóvil y teclear, cuando me lo soliciten, un teléfono al azar, a ver qué pasa. ¡Bingo! Paso la primera barrera. Me piden el DNI. ¡Esa me la sé! Lo introduzco, dígito a dígito, tal como me indican (no sé de qué otra manera podría hacerlo), y la voz robótica me informa de que en breves me atenderá alguien. Lanzo al móvil al aire, lo agarro, doy un voltereta y ejecuto la danza húngara de la alegría al borde del llanto. La misma voz robótica me informa de que el tiempo de espera para hablar con un agente es de tres a cinco minutos y le da al play a una cancioncita muy bailonga. Después de esta travesía por el desierto.... ¿Cinco minutos? Me da la risa. Bailo al son de la cancioncita hasta que termina y vuelve a empezar. Y vuelve a terminar. Y se me pone un rictus nervioso en la cara. "No se retire, en breves momentos..." No me vaciles, sobre todo no me vaciles. Suena de nuevo la canción mientras los dedos de mi mano pierden el color por la fuerza con la que estoy apretando el teléfono. Se acaba de nuevo la canción. "El tiempo de espera en estos momentos es mayor a cinco minutos —informa Mr. Robot—, le aconsejamos que llame en otro momento..." Vete a la mierda. Al mismísimo guano. Que te den por saco a ti y a toda tu estirpe de voces robóticas y desalmadas. Te deseo todas las plagas bíblicas, que te corroa la herrumbre, que el óxido pudra tus dientes metálicos y jamás puedas volver a decir su llamada es muy importante, le atenderemos en breves momentos, no se retire. Vete al infierno robot.

Pensarás que, como estás leyendo esto en internet, habré ganado de alguna manera la batalla. Pues no. He perdido. La burocracia kafkiana y kamikaze ha podido conmigo. Me comunico desde la biblioteca pública más cercana, mientras el módem MásMóvil se descojona de mí en el salón de mi casa. Delante de mí, en mi teléfono móvil, mi número parpadea en la pantalla y mi dedo planea sobre el botón de "llamadme gratis". Pienso que quizás, cuando escuche la voz diciéndome "Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?", podría intentar contratar de nuevo Internet. Tal vez ocurra una de estas dos cosas: o bien se darán cuenta de que ya tengo contratado el servicio y me dirán oiga, que usted ya tiene internet y yo gritaré como un loco ESO LO DIRÁ USTED (lo que no servirá de nada más que para darme el gusto); o bien empezaré una colección, un museo, una galería, la primera y única gran sala de exhibiciones de módems de MásMóvil. Hagan sus apuestas.


PD: en cuanto puse punto y final a esta entrada, en ese mismo instante, me llegó este mensaje de texto. Me desorino.

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