Una de las cosas que más
grima me produce de mudarme es contratar internet en casa. Me da una
pereza hiperbólica navegar entre las ofertas de las diversas
compañías hasta encontrar la menos pirata de todas. Están
compañías como R, Orange o Movistar, que te encandilan con ofertas
considerables durante los tres primeros meses, especialmente si
unificas Wi-Fi, televisión, teléfono fijo y teléfono móvil, el
tuyo y el de tu padre, seguido de una inflación digna de las peores
crisis del petróleo. Tras el silencio incómodo que se produce
cuando afirmas que tele no tengo, teléfono fijo no me interesa y de
móvil ya estoy bien, gracias, te ofrecen con mal disimulada
displicencia una tarifa que, oiga, no está nada mal, hasta que
sigues con la vista el recorrido invisible que une el asterisco que
acompaña al precio con el que encabeza la letra pequeña y descubres
algo maravilloso llamado cuota de línea, o cómo duplicarte el
precio con dos sustantivos y una preposición.
Finalmente llegan a mis
oídos las virtudes de MásMóvil que, francamente, no pinta nada
mal. Introduzco mi número y pulso con el dedo en la pantalla de mi
móvil el botón de "llamadme gratis". Instantes después
una voz femenina me saluda con un cordial "Departamento de altas
de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?". Me explica las
condiciones, el precio (que, según dijo, es "para siempre",
más un único gasto de diez euros por el envío del módem) y la
permanencia (de 8 meses pero, y cito literalmente, "como si no
la tuviera", porque si te das de baja antes solo tienes que
pagar lo correspondiente a un mes). Le digo que me parece todo
alright y ella me pregunta
si soy yo el que toma las decisiones en casa. Una pregunta
complicada. Le digo que tengo que consultarlo y ella se ofrece a
llamarme en un rato. Decidimos que venga, al lío, MásMóvil sea. Me
llama de nuevo y empezamos el proceso de contratación. Me faltan
datos. Dice que no hay problema, que me llama luego. Y así sucesivas
veces. Me ha llamado esta señora más veces en un día que mi madre
en el último mes. Conseguimos finalizar el proceso y me asegura que
en breves me llegaría el módem y un técnico se pondría en
contacto conmigo para la instalación. Perfecto, oiga.
Dos
días después un mensajero nos trae a la puerta de casa el módem.
Del técnico no hemos tenido noticias, ni se esperan. Los días
pasaron y empecé a ponerme nervioso, así que decidí ponerme en
contacto de nuevo con MásMóvil. Y ahí empiezan las risas.
Introduzco mi número de nuevo y pulso "llamadme gratis".
Instantes después otra voz me repite aquello de "Departamento
de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea contratar?". Le
explico que yo ya tengo un servicio contratado pero que necesito
hacer una consulta. Me contesta que ese no es el teléfono correcto
para dudas y consultas y me indica dónde hacerlo. Cuelgo, marco (un
número no gratuito, por cierto) y, vaya, qué casualidad, ahora que
mi llamada no está motivada por la contratación de un producto ya
no soy digno de que ser atendido por un ser humano, sino que me
recibe la fría y calculadora voz de un robot dándome diversas
opciones. La primera es en qué idioma quiero ser atendido; para ser
atendido en español, marque uno. Dejo que siga hablando, por
curiosidad, y cuando llega al suajili decido marcar el número uno
sorprendido con la cantidad de lenguas que domina esta gente de
MásMóvil (salvo, curiosamente, gallego, catalán y euskera). Una
voz, robótica también, me pregunta "¿Cuál es el su número
de teléfono móvil MásMóvil, dígito a dígito?". Silencio.
No tengo número de móvil MásMóvil, solo he contratado Internet, y
se supone que me han asociado un teléfono fijo, porque te dan uno
quieras o no quieras, pero tampoco lo sé porque nadie se ha
molestado en decírmelo (y no tengo línea en casa por lo que ni
siquiera puedo llamarme para averiguarlo). "No he entendido,
¿puede repetir?", inquiere la voz. Cuelgo desconcertado.
No me
desanimo. Busco en la página de MásMóvil y encuentro otro teléfono
de supuesta atención al cliente. Una voz robótica me indica que si
soy una empresa marque uno, si soy un particular, marque dos. Elijo
la segunda opción y, para continuar, se me solicita que introduzca
mi número de teléfono fijo MásMóvil. Del desconcierto paso al
ligero mosqueo. Vamos a ver... Que no lo sé, que no me lo han dicho,
que me dejéis hablar con alguien. "No he entendido, ¿puede
repetir?". Uy, qué música, vamos a llevarnos bien Mr. Robot...
El
que sigue, la consigue (dicen), así que busco y encuentro otro
número de "atención al cliente" (por llamarlo de alguna
manera). Marco mientras me pregunto qué tipo de casa de locos tiene
tantos teléfonos diferentes de contacto para el consumidor. Una voz,
robótica, por supuesto, me informa de que si quiero escuchar la
oferta comercial haga el favor de marcar uno y que si, por el
contrario, ya soy cliente de MásMóvil y deseo alguna información
sobre mi factura, hacer una reclamación o hacer otra consulta,
marque dos. Esta es la mía, pienso mientras pulso dos lleno de
renovado entusiasmo. "Si ya es cliente de MásMóvil y quiere
información sobre su factura, hacer una reclamación o hacer otra
consulta, llame al 23*ruidoindescifrable*3. Gracias." Y cuelga
sin más ceremonias. Vamos a ver, que no me quiero cabrear. ¿Por qué
no me comunican ya desde ahí? ¿Qué quieren de mí? Marco el número
que creí entender y mi teléfono me informa de que no hay ningún
cliente asociado a ese número. Mecagoensatanás... Llamo de nuevo a
MásMóvil. "Si quiere escuchar la oferta comercial marque uno,
si ya es cliente de Más Móvil y quiere..." Etc, marco dos. Que
digo yo que podían decir directamente el número sin hacerme marcar
el dos para luego repetirme la frasecita y mandarme a la mierda.
Marco dos. Me repite la puñetera frase y el teléfono. Ahora sí. Lo
tengo. "Gracias." A ti. Marco el número de cuatro dígitos
que me ha dicho. Mi teléfono me informa de que el número marcado no
existe. Estamos de cachondeo. A estas alturas creo que sería más
sencillo contactar con alguna persona, un sentimiento con seres
humanos, mediante güija que por teléfono. "Si desea maldecir a
todo el departamento de atención al cliente, marque 666."
Decido
que a la mierda todo, que me van a oír quieran o no. Introduzco mi
número y pulso el botón de "llamadme gratis". Enseguida
me llama una voz humana (¡Por fin! Estaba a un paso de pintarle una
cara a una pelota de vóley y ponerme a hablar con ella):
"Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea
contratar?" Mire, yo es que ya soy cliente. De Internet. Tengo
el módem y todo aquí en casa. Pero es que no sé cuándo van a
venir a hacer la instalación, si es que van a venir, y no consigo
hablar con nadie. Que no es por meter prisa, que me da igual si viene
hoy, mañana o dentro de un mes. Es por saber si le espero o ya
desespero del todo. Ya sé que este es el servicio de altas, pero
mire a ver si usted, por favor, pudiera comunicarme con alguien. "Lo
siento, pero es que este es otro departamento y no puedo comunicarle
con nadie". Pues me va a permitir que le diga que para ser una
empresa de comunicaciones, se comunican fatal. "Ya, bueno..."
¿Quién es el perturbado desquiciado y kafkiano que diseñó la
arquitectura de comunicaciones de esta empresa? Me encantaría
conocerlo. "..." Vamos a ver, es que para atenderme me
piden mi número de teléfono MásMóvil para pasar la primera
barrera, pero es que móvil no tengo y el fijo no me lo ha dicho
nadie. "Ya, entiendo..." Entonces no tengo manera de hablar
con nadie para saber cuándo va a venir el técnico para instalarme
un servicio que ya tengo contratado. "Entiendo, pero es que yo
no puedo hacer nada." Entonces lo que voy a hacer es devolver
las facturas, de momento imagino que solo tengo la del módem, porque
no voy a pagar por un servicio que no tengo. "Tiene usted
razón." Pero... Oiga, quiero decir... Que me doy de baja, eh.
Que pongo una reclamación en consumo y devuelvo cualquier factura
que me llegue. "Lo entiendo, es lo que debería hacer..."
No te
jode, claro que lo entiende. Y le da igual, ¡vaya si le da igual! (A
mí también me daría igual todo si trabajara para una empresa
sacada de El proceso.) Mi amenaza se la trae al pairo porque
sabe que no hay manera humana de darse de baja porque los empleados
de MásMóvil solo están programados para dar de altas, único
departamento que realmente existe en esta empresa de perturbados. Por
eso, cuando di de alta el servicio me dijeron que el precio era de
por vida, porque moriré sin darme de baja (¡porque jamás podré
hablar con nadie!) y sin que me proporcionen el servicio.
Pues
nada, gracias eh, hasta luego. "Gracias por su llamada, ¿puedo
ayudarle con algo más?" ¿Estás de broma?
Decido
que soy muy joven para que me de un infarto así que salgo a dar una
paseo y, de paso, a comprar las entradas de un festival de cine que
empieza en los próximos días. Saludo a la taquillera, hola buenas
tardes cómo está, y le pido que, si es tan amable, me dé dos
abonos para el festival de cine, por favor y gracias. Ya me pone cara
rara, mal empezamos. "Mira, es que los abonos los tengo aquí
—dice señalándolos—, pero es que aun no puedo venderlos... ¿Te
importa volver dentro de un rato?"
Faltaría
más, ¿para qué está mi tiempo sino es para perderlo lidiando con
agentes al servicio de la burocracia kamikaze? Vuelvo en un rato y
cuando me ve llegar pone cara de no te va a gustar lo que te voy a
decir. "Lo siento, aun no puedo venderlos..." ¿Qué
quieres decir con que no puedes? ¿No puedes físicamente? ¿Te están
apuntando con un arma? ¿Qué necesitas para poder venderlos? "Yo
que tú volvería más tarde... O mañana." Vuelva ya si eso
cuando sea, por @marianojosédelarra, romántico 2.0. "Pero
mira, puedes comprar las entradas por internet..." Me explota la
cabeza. No sé si tratar de explicarle que no tengo internet, pero
que de verdad, te lo juro, estoy luchando por tenerlo, o si intentar
comprender cómo, teniéndolas físicamente en la mano, que las estoy
viendo, las blande mientras me dice que no puede proporcionármelas,
puede vender las entradas online pero no aceptar mi sucio dinero
directamente de mi mano. Mi cerebro intenta hacer las dos cosas a la
vez, colapso, y me voy farfullando y gesticulando con los brazos
mientras me empiezan a salir espumarajos por la boca.
De
camino a casa se me abre algún chakra y decido llamar a uno de los
múltiples números de MásMóvil y teclear, cuando me lo soliciten,
un teléfono al azar, a ver qué pasa. ¡Bingo! Paso la primera
barrera. Me piden el DNI. ¡Esa me la sé! Lo introduzco, dígito a
dígito, tal como me indican (no sé de qué otra manera podría
hacerlo), y la voz robótica me informa de que en breves me atenderá
alguien. Lanzo al móvil al aire, lo agarro, doy un voltereta y
ejecuto la danza húngara de la alegría al borde del llanto. La
misma voz robótica me informa de que el tiempo de espera para hablar
con un agente es de tres a cinco minutos y le da al play a una
cancioncita muy bailonga. Después de esta travesía por el
desierto.... ¿Cinco minutos? Me da la risa. Bailo al son de la
cancioncita hasta que termina y vuelve a empezar. Y vuelve a
terminar. Y se me pone un rictus nervioso en la cara. "No se
retire, en breves momentos..." No me vaciles, sobre todo no me
vaciles. Suena de nuevo la canción mientras los dedos de mi mano
pierden el color por la fuerza con la que estoy apretando el
teléfono. Se acaba de nuevo la canción. "El tiempo de espera
en estos momentos es mayor a cinco minutos —informa Mr. Robot—,
le aconsejamos que llame en otro momento..." Vete a la mierda.
Al mismísimo guano. Que te den por saco a ti y a toda tu estirpe de
voces robóticas y desalmadas. Te deseo todas las plagas bíblicas,
que te corroa la herrumbre, que el óxido pudra tus dientes metálicos
y jamás puedas volver a decir su llamada es muy importante, le
atenderemos en breves momentos, no se retire. Vete al infierno robot.
Pensarás
que, como estás leyendo esto en internet, habré ganado de alguna
manera la batalla. Pues no. He perdido. La burocracia kafkiana y
kamikaze ha podido conmigo. Me comunico desde la biblioteca pública
más cercana, mientras el módem MásMóvil se descojona de mí en el
salón de mi casa. Delante de mí, en mi teléfono móvil, mi número
parpadea en la pantalla y mi dedo planea sobre el botón de "llamadme
gratis". Pienso que quizás, cuando escuche la voz diciéndome
"Departamento de altas de MásMóvil, ¿qué servicio desea
contratar?", podría intentar contratar de nuevo Internet. Tal
vez ocurra una de estas dos cosas: o bien se darán cuenta de que ya
tengo contratado el servicio y me dirán oiga, que usted ya tiene
internet y yo gritaré como un loco ESO LO DIRÁ USTED (lo que no
servirá de nada más que para darme el gusto); o bien empezaré una
colección, un museo, una galería, la primera y única gran sala de
exhibiciones de módems de MásMóvil. Hagan sus apuestas.
PD:
en cuanto puse punto y final a esta entrada, en ese mismo instante,
me llegó este mensaje de texto. Me desorino.

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