Cuando se murió su marido, mi
bisabuela se mudó con mi abuela y, poco a poco, a causa de la edad,
fue perdiendo facultades. El primer recuerdo que tengo de ella es ya
el de una señora muy mayor, con bastón y gafas gruesas. Con el paso
del tiempo se quedó prácticamente ciega y dejó de valerse por sí
misma. Aunque necesitaba ayuda para caminar o salir de casa,
conservaba la capacidad mental para decidir a quién quería votar.
Por eso, el día de las elecciones, mi abuela, con la que vivió
hasta el final de su vida, la acompañaba al colegio electoral para
que ejerciese sus derechos.
Pero un día se llevaron una gran
sorpresa cuando, al ir a votar, en la mesa les informaron de que mi
bisabuela ya había votado. Mi abuela dijo que eso era imposible; no
había salido de casa en todo el día y, aunque quisiera, no podría
haberlo hecho sola. Intentó explicarles que no podía valerse por sí
misma y que apenas veía, que habían estado juntas todo el día y
que no era posible, de ninguna manera, que ya hubiera votado. Resultó
que una de las vocales era vecina de ambas y corroboró su historia;
si la hubiera visto ir a votar se habría acordado, especialmente si
hubiera ido sola, ya que eso habría supuesto una gran sorpresa para
ella, conocedora de su estado físico.
Haciendo gala de un grado de ataraxia y
flema sorprendente, dejaron correr el asunto y se fueron. Una calma
que se ha debido de ir perdiendo a lo largo del árbol genealógico,
porque me llega a pasar a mí y arden las urnas, el colegio electoral
y hasta el ayuntamiento, si fuera necesario. Cabe la posibilidad de
que fuera un inocente error humano, alguien que se equivocó al
tachar el nombre, o cabe la posibilidad de que si se hubieran puesto
a escarbar hubieran encontrado también los votos de Pequeño
Ayudante de Santa Claus y de Bola de Nieve I, II y III. Nunca lo
sabremos. Del mismo modo que nunca sabremos a qué partido fue a
parar su voto.
El caso es que años después, en las
elecciones siguientes, mi abuela le preguntó a mi bisabuela si
quería ir a votar y, haciendo gala una vez más de una paz de
espíritu que aun me asombra, contestó:
— Deixa, eu xa teño quen vote por
min.
Hace años, muchos ya, que mi bisabuela
murió. Cada vez que hay elecciones me acuerdo de esta historia y me
pregunto si habrá seguido votando todo este tiempo, y a quién. Yo
tengo mi propia teoría. Por supuesto, no tengo ninguna prueba, ni
puedo tener la certeza, pero sí una ligera sospecha.
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