Cinco días con sus noches son los que
han pasado dos personas en la cárcel por representar una obra de
teatro con títeres. Lo preocupante del caso no es el tiempo durante
el que se les ha privado de su libertad, sino el que haya ocurrido
por un supuesto delito de incitación al odio o de enaltecimiento del
terrorismo, cuando la cruda realidad es que han pasado cinco días a
la sombra por el contenido de la representación, por habérsele
atribuido a los artistas acciones, opiniones o pensamientos de unos
personajes de ficción. Es como si la Policía del Pensamiento se
hubiera teletransportado directamente desde 1984 a nuestros
días. Suerte han tenido los artistas de que no les hayan acusado de
violar a una monja o de apuñalar a un policía, algunos de los
sucesos que ocurren en la representación.
Pero por suerte hay gente que ha salido
en su defensa, como los que se han manifestado en Málaga portando
una pancarta en la que se podía leer, entre otras cosas, “GORA
malaguETA”. Pero claro, la PP (Policía del Pensamiento) no podía
estar tranquila, así que se acercó a los manifestantes y les pidió
amablemente que retiraran la pancarta porque, visto de lejos, y por
el uso de las mayúsculas y las minúsculas, se podía dar a entender
otra cosa. Al negarse, podrían haber incurrido en un delito de
desobediencia y vete tú a saber qué más. La PP informó a la
Fiscalía de la Audiencia Provincial de Málaga que ha su vez ha
remitido ya toda la documentación de este terrible atentado a la
Audiencia Nacional.
Pero digo yo que si la policía se va a
poner dura con el empleo del uso de mayúsculas y minúsculas no va a
quedar espacio en las consignas de las cárceles para todas las
cadenas de oro de los canis. Como se nota que no han vivido el auge
del Msn Messenger, porque a más de alguno le habría dado un
síncope.
Lo que a mí me llama la atención de
la pancarta es lo de “TIRITITEROS”,
que uno no sabe si es que les pudo la emoción con lo de GORA
malaguETA y se les fue el santo al cielo (di tú que titiritero es
una palabra bien jodida, he visto a más de un tartamudo sufrir un
esguince de lengua intentado decirla), o es que realmente quieren
mostrar su apoyo a todos los que profesan el noble arte de tiritar.
Así se han
quedado, temblando, los titiriteros al enterarse de que sus
marionetas habían sido incautadas, temiendo que la policía pudiera
encontrar unos peluches que guardaban en un doble fondo del armario.
Temblando se ha quedado también el resto del país, unos de
indignación porque estos terribles filoetarras puedan campar a sus
anchas por España, y el resto ante la congoja que supone este
atentado contra las libertades más básicas y fundamentales.
Y en
medio de este embrollo la derecha clama justicia y pide la cabeza de
Carmena, porque no puede ser que estos malditos comunistas promuevan
una clase de eventos que potencian el odio y ensalzan el terrorismo.
Lo curioso del caso es que la obra se estrenó previamente, hace
apenas unos meses, en Granada, ciudad con alcalde del PP (¡en una
casa okupa, para más inri!) y, además, la misma compañía había
actuado en Madrid en diversas ocasiones, sin ir más lejos en las
fiestas municipales de Madrid de 2014, con Ana Botella como
alcaldesa, y mire usted, a nadie le pareció mal. Y es que,
parafraseando a Javier Krahe, lo que antes daba igual,
ahora ser muy mal.
Precisamente de Krahe me vengo
acordando mucho con todo el asunto de Rita Maestre. Hace años ya que
el primero fue a juicio acusado de un delito contra los sentimientos
religiosos por un corto, Cómo cocinar un Cristo para dospersonas, en el que se ve cómo unas manos preparan un plato con
un crucifijo como ingrediente principal. Ahora es Maestre la que ha
ofendido el sentimiento religioso de unos cuantos meapilas, perdón,
quise decir creyentes, por haber protestado en la capilla de la
Universidad Complutense con el torso desnudo, execrable acto por el
que le podría caer un año en prisión. Parece que lo de ofender el
sentimiento religioso es lo más parecido que tenemos en la
actualidad de acusar a alguien de brujería. Que yo me pregunto si
con el sujetador puesto se puede considerar que un torso está
desnudo, pero si es esto lo que les ofende, la desnudez de un torso
en suelo sagrado, creo que están tardando en ponerles una chaqueta a
todos los Cristos crucificados.
Lo que ofende mis sentimientos es, por
ejemplo, que la Iglesia pretenda no solo decir cómo han de vestir
las mujeres cuando entran en sus templos, sino que pretendan meterse
ellos con sus cruces en los úteros de las mismas, que se impartan
clases de religión en un estado aconfesional o que una institución
machista y retrógrada se lleve subvenciones de las arcas públicas.
Pero sobre todo me ofende la sensación que me embarga de que parece
que la Justicia y la opinión pública no tratan con igualdad a la
izquierda que a la derecha. Me parece muy bien que se examine con
lupa todo lo que hace la izquierda, pero la derecha debería recibir
el mismo trato. Y lo que no entiendo es que mientras a uno le cuesta
el cargo unos chistes en Twitter, otra puede decirle a todos los
parados que se jodan quedándose más ancha que larga. Y está bien
que la una, siendo presidenta del Partido Popular de Madrid, arrolle
a un policía y se dé a la fuga, pero , ¡Ay!, Dios nos libre de que
la otra se saque la camisa en una iglesia.
Hace unos días un amigo me dijo una
frase que me parece muy apropiada para los tiempos que corren: “la
democracia está secuestrada”. Pero no por ETA, precisamente. La
democracia está secuestrada y todavía no se ha pedido un rescate,
ni se le espera. Mientras tanto, pasa sus días en un zulo, muerta de
miedo y frío, tiritando.


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