Por desgracia, cuando sonó el timbre yo era el que estaba
más cerca de la puerta, así que me tocó la ingrata tarea de ver quién osaba
perturbar la tranquilidad de esta nuestra casa. Me encontré con una joven que
lo primero que me espetó, nada más abrir, fue: “No vengo a vender nada”.
Permítame que, así, de entrada, lo dude a horrores.
“¿Conoces Intermón?”
No hemos sido oficialmente presentados, aunque me han llegado noticias
suyas. Pero antes de que empieces a soltar el rollo te advierto que no tengo
intención de darte mi número de cuenta, ni de afiliarme a nada, ni de donar
sangre sin el personal cualificado presente.
“¿Te puedo hacer dos preguntas? Y ya no te robo más
tiempo.” Por curiosidad, accedí.
“¿Eres solidario?” fue la primera.
No sé por qué me da la impresión de que esta pregunta tiene
trampa. ¿Si soy solidario? Defíneme la palabra solidario, porque según la RAE:
Solidario, ria.
(De
sólido).
1.
Adj. Adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien.
Mediante una sencilla regla de tres podríamos llegar a la
conclusión de que los nazis eran bastante solidarios con Hitler. ¿Soy
solidario? Digamos que no voy robando a viejecitas por la calle ni apaleando
vagabundos por las noches, pero tampoco entra en mis planes a corto plazo irme
a Bostwana a construir escuelas o una purificadora de agua. Siguiente pregunta.
“¿Comes pan?” Pues mira, no. Soy celíaco.
Creo que este revés no se lo esperaba mi inquisidora amiga.
“Bueno, pues… ¿Bebes Coca-Cola?” Respuesta afirmativa. “Vale, ¿sabes que con lo
que cuesta la mitad de una Coca-Cola…?” A ver, para un momento. ¿Lo que cuesta
dónde? Porque no es lo mismo en el súper que en Razzmatazz, que antes de
servírtela te piden el brazo para ponerte una vía y sacarte hasta la última
gota de sangre. Además, ¿de qué Coca-Cola estamos hablando? ¿Lata de 33
centilitros? ¿Botella de cristal de 20 o de 35? ¿Botella de plástico de medio, uno o dos litros? ¿Coca-Cola normal, light, sin cafeína o Zero? ¿Clásica,
de cereza o de vainilla?
“Una lata normal en el súper.” De acuerdo, prosigue. “Vale,
pues con lo que cuesta la mitad de una Coca-Cola…” Perdona que te interrumpa
otra vez, pero aquí hay un problema lingüístico. No se venden, hasta donde yo
sé, medias Coca-Colas. Quizás lo que quieres decir es la mitad de lo que cuesta
una Coca. Porque puestos a ponernos gilipollas, nos ponemos bien.
“Bueno, que con la mitad de lo que pagas por una Coca-Cola
puedes…” Que aquí el lector ponga lo que más le apetezca: darle de comer una
semana a un niño en Ruanda, amamantar a los elefantes que el Rey dejó
huérfanos, rescatar catorce gatos atrapados en árboles o practicarle la
eutanasia a cinco ancianos. Que no, cojones, que no quiero colaborar.
“Vale… ¿Vives con alguien más?” Sí, vivo con tu madre, en un
castillo. Y ya vas por la tercera pregunta.
“A lo mejor a tus compañeros les interesa…” Que no, mierda
ya. Es día 22 y aun acabamos de pagar el alquiler de mayo, igual los que
necesitan ayuda de una ONG somos nosotros.
“Ah vale, que ellos tampoco son solidarios…” Huy, qué música.
¿Vienes a mí casa, a golpe de lunes…? “Es martes.” Estoy en mi casa y en mi
casa es el día que a mí sale del escroto. ¿Vienes a mí casa y te plantas en el
umbral (un saludo Francisco
-chiste
para eruditos-) de
mi puerta y me insultas? ¿Voy yo a tu casa a decirte que eres una guarra? Porque
podría hacerlo, plantarme allí en tu sucio felpudo y decirte: Eres una guarra.
Pero no lo hago, y ¿sabes por qué no lo hago? Por que soy un tío solidario.
Zorra.
1 comentario:
jajajajajajjaJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJjajajajajajajJAJAJAJAJAJJAJAjAJAJAJA
la mejor en mucho tiempo :D
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