La primera anécdota estúpida es la siguiente:
Volvía a casa a eso de las nueve de la noche. De camino me encontré con la típica situación de película. Chico saca a pasear a perro y conoce a chica que saca a pasear a perro y entablan conversación. Clásica situación de cine en la que, tras esa primera escena, se van a tomar un café, acaban la noche juntos y pasan muchos años felices como pareja.
Entonces ella le preguntó a él: “¿Qué es? ¿Perra?” Y el chico le contestó: “No, es perro.” A lo que ella replica: “Ah… Pues se sienta como una perra.”
La cara del hombre se contrajo, formando un gesto que reflejaba perfectamente como una mano lentamente le empezaba a apretar el corazón y a inundar sus venas con angustia. “No… Pues es un perro. O sea, está castrado… Pero es perro, es perro…” Y, en su interior, estoy completamente seguro, pensaba “Mierda, mi perro se sienta como una perra.”
El diálogo entre los animales podría haber sido: “Oye, ¿eres perra?” “No tío, soy perro.” “Pues te sientas como una auténtica perra.” “Ya ves… Estoy comodísimo. Pruébalo.” “No sé tío… Sentarme como una perra… ¿Qué pensará la gente?” “Tronco… somos perros. ¿Qué más te da lo que piensen esos animales? Además… ¿Tú has visto como visten algunos? Es para matarlos…” “Pues tienes razón… Voy a probarlo… Anda, coño, pues sí que es cómodo, sí…”
Y así es como la orgullosa dueña de su mascota se convirtió también en la resignada dueña de otro perro que se sienta como una perra.
O no.
La segunda anécdota estúpida tuvo lugar en el barrio de Gracia, por la noche. Había una concentración masiva de patinadores organizada por no sé que colectivo, “genteguaisobreruedas”, o algo así. El caso es que un momento dado apareció una avalancha de más patinadores que bajaban a toda velocidad atravesando la plaza. Uno de ellos, por esquivar a un paqui (esas máquinas expendedoras de cerveza vivientes) que estaba por el medio, se comió a otro patinador y ambos se fueron al suelo. Tras levantarse y recomponerse buenamente, se les acercó el paqui responsable del accidente y les dijo: “Cerveza beer un euro.”
La tercera y última anécdota es que hoy un chino me ha hecho un kebap. Piénsalo. Un chino haciendo un kebap.
19/9/11
Tres anécdotas estúpidas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
kebap, c'est pas posible!
Me hiciste reir mucho y leer en alto en casa la anécdota del perro...
Joder, no lo dejes nunca!
Publicar un comentario