28/9/11

Helado me he quedado

"Perdona, ¿tienes diez minutos?” Ésta fue la pregunta con la que me asaltó una joven morena sin ningún distintivo de ONG o algo similar. Hombre, pues depende de para qué. La respuesta, por supuesto, debió haber sido no. Pero la curiosidad, ¡ah, la curiosidad! Dicen que mató al gato e hizo perder el tiempo al imbécil.

“Es un test sobre helados. Luego te doy a probar uno. Te gustan los helados, ¿verdad?” Pues sí, y supongo que a ti te gustan las pollas pero no pruebas la del primer desconocido que te ofrece una por la calle. Pero hacía calor, y la verdad es que un helado no me vendría nada mal. “Acompáñame entonces”, dijo muy sonriente.

¿Cómo que acompáñame? Yo estaba caminando con un destino fijo y sin saber muy bien cómo de pronto me acababan de desviar de mi ruta. ¿Que te acompañe a dónde? “A ese hotel” dijo señalando con el dedo. ¿Un hotel? O eres puta o me vas a robar los órganos. Espero que, con un poco de suerte, seas puta.

Así que allí estaba yo, sentado en una silla en una sala de un hotel delante de una chica tecleando mis respuestas a sus preguntas en un ordenador. Edad, profesión, estado civil, con qué frecuencia compro helados, qué marcas compro, si compro packs o individuales, profesión de mi padre… Espera un momento. ¿Profesión de mi padre? ¿De qué manera puede influir la profesión de mi padre en mi consumo de helados? “Es sexador de pollos.” Ante la cara de asombro de mi encuestadora cambié la respuesta. “Es astronauta.” Cara de sorpresa, parte dos. “Bueno… Eso es lo que me decía mi madre para explicarme por qué nunca estaba en casa.” Cara de sorpresa, parte tres. “Qué va. Es torero. Alquimista. Matón de discoteca. ¿Realmente importa?” “Bueno… Es que tengo que marcar una casilla, no lo puedo dejar en blanco…” “Pues no sé, marca la misma profesión que tu puta madre.”

“¿Vives con tus padres o estás independizado?” Vivo en un piso de estudiantes, por decirlo de alguna manera. “¿Hay algún niño menor de seis años en la casa?” Sí, tres, pero por favor, no se lo digas a la Guardia Civil.

Terminadas las preguntas preliminares me saca una foto de un helado con su respectiva máquina expendedora de Cornetto, sabores vainilla y chocolate. “¿Con qué frecuencia lo comprarías?” Nunca, no me gustan los helados de máquina. “Aish… Es que si pongo eso el ordenador me va a decir que no te lo dé a probar… Mejor pongo que de vez en cuando.”

Ya no solo nos engañan a nosotros, consumidores, con la publicidad de sus productos, si no que dentro de la propia empresa se engañan entre ellos. ¿Cómo pretenden que compremos un producto que no responde a nuestras necesidades, si no a lo que necesita un ordenador que le digan para que nos lo den a probar?

A continuación saca una lista de productos y me pregunta si soy alérgico a alguno de ellos. Entre los productos estaban algunos como la lactosa, fructosa… Y otros que jamás en mi vida había oído y que no estoy muy seguro de querer comerlos. “¿Eres epiléptico o alérgico al alquitrán?” No, mastico asfalto rodeado de luces estroboscópicas casi a diario y nunca he tenido ningún problema.

Para finalizar me preguntó mi dirección. ¿Mi dirección? ¿Vais a mandarme muestras a casa? Lo digo porque aun no he instalado el buzón nevera.

Terminadas las preguntas pulsó un botón y su expresión se ensombreció. “Lo siento, pero no voy a poder darte la muestra.” Supongo que estarás de putísima coña. No me he metido yo en un hotel con una desconocida para perder el tiempo sin que me den un helado a cambio. “No... Es que con las respuestas que me has dado el ordenador me dice que no te lo puedo dar.” ¿Qué tipo de poder sobrenatural puede ejercer sobre ti una máquina para impedirte abrir una nevera y darme un helado, zorra?

Supongo que nadie en su sano juicio en la gran familia de Cornetto esperará que compre un producto que me engaña, ya no con la publicidad, si no antes incluso de que esté a la venta.

Así que lectoras y lectores de este nuestro blog, si queréis el helado responded a todo que sí. La pregunta es ¿realmente queréis el helado?

4 comentarios:

Junior Mortimer dijo...

Fantástico, agudo, cojonudo relato.
Pero vamos, que al final te fuiste sin el puto helado. Te estás volviendo un conformista, el Berdt que yo conocí tendría su helado gratis o saldría en primera plana en las noticias apocalípticas.

En cualquier caso al final te hicieron la 13-14, ahí lo tienes, la importancia de llamarse Cornetto.

Salud!

Ash Santos dijo...

Excelente texto, aunque para mi gusto faltó alguna referencia explícita al pirulo tropical.

Marqués de Sada dijo...

Todo forma parte de mi plan, no se alarme.

Jm6 dijo...

Hoy vi a unas de esas tipas aquí en la Plaza Roja, pero no eran de helados ni te llevaban a un hotel. Tenían un Ipad y parecían ser de una empresa de alimentos. Creo que te regalaban bolsas con delantales o algo así. Todo muy lamentable.

Tras este inciso que no te interesará para nada te digo que me encantó y que me eché unas risas tremendas!

Espero que todo vaya bien por ahí!
Cuidate!

PD: Marcelo sigue amándote locamente.