La semana pasada, en un alarde de derroche, la USC nos llevó de visita a los tejados de la catedral —visita que tuvimos que pagar cada uno de nuestro bolsillo— para que pudiéramos sacar fotos a modo de práctica para una asignatura. Pusieron a nuestra disposición los conocimientos de un magnífico guía (que uno se pregunta: si vamos a sacar fotos ¿para qué queremos a un fulano dándonos la chapa?) que nos indicó que había una zona en la que estaba prohibido sacar fotos. Yo, que soy de natural curioso, le pregunté cuál era el motivo para tal prohibición.
— No se pueden hacer fotos porque son las normas.
— ¿Esas normas tienen algún motivo o son un mandato divino?
— Son normas, y las normas hay que cumplirlas.
— Ya, pero ¿por qué?
— Porque son normas.
— No, que por qué pusieron esa norma.
— Para cumplirla.
— ¿Pero porque el flash estropea la piedra o porque le salió de las pelotas al Papa?
(Se encoge de hombros)
— Son normas.
Vale tío. Me pregunto qué cara pondría si mañana pusieran una nueva norma según la cual tuviera que ejercer de guía ataviado única y exclusivamente con un tanga de leopardo.
Una vez en los tejados, nos ilustró con un dato un tanto curioso. Se conoce que las monjas de clausura del convento que hay en las cercanías de la catedral, viven unos quince años más de media que el resto de los mortales, y mucho menos estresadas. Nos ha jodido.
Ante las risas y los comentarios jocosos de los presentes, el guía nos dijo que el concepto que teníamos de las monjas de clausura, encerradas todo el día, era un poco equívoco. Parece ser que las monjas disfrutan de unos estupendos paseos por unos jardines idílicos y paradisíacos. Ya deben ser buenos lo jardines para querer vivir quince años más que la media para poder apreciarlos en su plenitud. Que los disfruten con salud.
— No se pueden hacer fotos porque son las normas.
— ¿Esas normas tienen algún motivo o son un mandato divino?
— Son normas, y las normas hay que cumplirlas.
— Ya, pero ¿por qué?
— Porque son normas.
— No, que por qué pusieron esa norma.
— Para cumplirla.
— ¿Pero porque el flash estropea la piedra o porque le salió de las pelotas al Papa?
(Se encoge de hombros)
— Son normas.
Vale tío. Me pregunto qué cara pondría si mañana pusieran una nueva norma según la cual tuviera que ejercer de guía ataviado única y exclusivamente con un tanga de leopardo.
Una vez en los tejados, nos ilustró con un dato un tanto curioso. Se conoce que las monjas de clausura del convento que hay en las cercanías de la catedral, viven unos quince años más de media que el resto de los mortales, y mucho menos estresadas. Nos ha jodido.
Ante las risas y los comentarios jocosos de los presentes, el guía nos dijo que el concepto que teníamos de las monjas de clausura, encerradas todo el día, era un poco equívoco. Parece ser que las monjas disfrutan de unos estupendos paseos por unos jardines idílicos y paradisíacos. Ya deben ser buenos lo jardines para querer vivir quince años más que la media para poder apreciarlos en su plenitud. Que los disfruten con salud.
1 comentario:
¡qué grande lo de los jardines! ¡y lo de las normas!
no abandones el blog descarademente de esta manera, primako :P
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