24/12/10

Felices fiestas... o algo así

Hace ya un tiempo que sé que salir a la calle es correr el riesgo de tener que toparse de frente con la estupidez humana. Y así fue en esta ocasión. Bajé al portal y mientras esperaba a que me vinieran a recoger, un infrahumano motorizado acompañado por dos enanas mentales sin nada mejor que hacer, se fijaron en mí. Empecé a escuchar entre simiescos rumores el nombre de Harry Potter. Resultaba evidente que se referían a mí y a mi aspecto.

No es que tenga nada en contra de Harry Potter, ni mucho menos, pero creo que hay ligeras disimilitudes entre su aspecto y el mío. Para empezar sus gafas son completamente redondas, a diferencia de las mías, y las mías son de pasta, a diferencia de las suyas. Respecto al pelo, el de Harry Potter ya lo conocéis. El mío es que el que se tiene dos meses después de haberse rapado la cabeza y no haberlo retocado desde entonces. Por otra parte, hasta le fecha nunca he visto al señor Potter con bigote, a diferencia de un servidor. Por lo demás sí, los dos somos jóvenes blancos, caucásicos, de estatura media tirando a baja. Como dos gotas de agua.

No me molesta en absoluto, por otra parte, que me llamen Harry Potter. Por mí como si me llaman Mary Poppins, si eso le hace feliz a alguien. A mí lo que me molesta es la imbecilidad manifiesta, de la cual daban numerosas muestras los tres elementos bovinos con los que me topé. Una vez alejados de la moto del idiota rey, decidieron seguir con el chascarrillo del joven mago, supongo que por tener algo con que pasar el rato. El macho alfa, rodeado de dos jóvenes hienas, y no teniendo capítulo nuevo de Física o Química del que discutir, quería entretener a las hembras mostrando sus habilidades, y obviamente estas no eran sus conocimientos de filosofía aristotélica. Cuando decidió que repetir el nombre de Potter pronto iba a dejar de hacer gracia, decidió subir un poco el nivel en su festival del humor. Acuclillado –supongo que recordando los tiempos en los que empezó a bajar del árbol- se puso a imitar a Gollum diciendo repetidas veces “mi tesoro, mi tesoro”. Llegados a este punto todos nos hemos dado cuenta de que su tesoro no es su test de inteligencia, aunque sus padres lo guarden a buen recaudo para no tener que ingresarlo en un colegio para deficientes mentales.

Pasado unos instantes, la más lista del grupo –la única que obtuvo el título de la E.S.O.- le hizo saber al simiesco individuo que aquello de “mi tesoro” no era de Harry Potter, si no de El señor de los anillos. ¡Cuánto rieron los pobres disminuidos ante tamaña muestra de ignorancia! Lejos de avergonzarse por su error, siguió con lo de “mi tesoro” un rato más, hasta que perdieron el interés y se apartaron un poco más. Craso error, muchacho, ahora veréis por qué:

Ya que yo soy Harry Potter decidí que con mi magia debía obsequiarle con un bonito regalo de navidades a aquel patán. Lo que sucede es que cuando voy de paisano, no suelo llevar conmigo la varita. Así que, antes de subirme al coche de los que me venían a buscar, tirando de llaves, le dejé un precioso adorno navideño en forma de arañazo de aquí a Murcia en la moto del primate imbécil. Toma, y vuelve a por otra.

Interrumpo así el silencio en el que estaba sumido este nuestro blog para desearle felices fiestas a todos los estúpidos, imbéciles y enanos mentales que pueblan esta maravillosa ciudad.

Paz y amor.

3 comentarios:

Lidi dijo...

Me encanta! jajaja
Tio yo no puedo parar de reir al lees tus entradas al blog..xD
Un beso Berber!

Junior Mortimer dijo...

Y yo que te quiero mucho, Mary Poppins!

Marqués de Sada dijo...

Y yo a usted, señor Mortimer!!