Supongo que la mayoría de los lectores conocéis el tristemente famoso juego llamado “Yo nunca”. Para los que no lo conozcáis, un breve resumen: los objetivos principales del juego son dos; emborracharse como un marinero ruso y conocer los trapos sucios de los participantes. Uno de los jugadores dice una frase que empieza con la fórmula “Yo nunca…” y los que hayan hecho alguna vez lo que dice el enunciado están obligados a beber. Por ejemplo, uno dice “Yo nunca he leído un libro” y, los que sí que hayan leído alguna vez un libro, deberán beber. (El ejemplo que he puesto rara vez es empleado por los participantes en este juego porque, como he dicho anteriormente, uno de los objetivos principales es emborracharse.)
Bien, dicho esto, vayamos al tema. Me encuentro ahora mismo en la línea verde del metro de Barcelona. Unas chicas, que deben andar entre los dieciséis y los diecinueve años –siempre he sido muy malo para calcular edades y, además, cada día crecen más rápido, efecto, supongo, del reggaeton que maman desde temprana edad-, están jugando al yo nunca con chupitos… ¡Imaginarios!
Vamos a ver… Repasemos el primer párrafo. Objetivos principales: emborracharse y conocer trapos sucios. Si quitas el alcohol eliminas de raíz una de las motivaciones principales del juego y lo reduces simplemente a un concurso de “a ver quién es más golfa”.
Una de ellas dice: “Yo nunca me he liado con nadie en el baño de una discoteca”. Acto seguido todas se llevan a la boca sus manos formando un vaso imaginario y “beben”. Vamos a ver, cojones. Si lo que quieres es saber las intimidades de tus amigas, vete directa al grano y déjate de gilipolleces. “¿Alguna de vosotras se la ha chupado a un desconocido?” “¿Tú sí? Ah, mira que bien. Era algo que no sabía y que me da más información sobre ti para estrechar nuestros lazos de amistad.” Y santas Pascuas.
Por un momento interrumpen su actividad para cuchichear febrilmente. Una de ellas pregunta: “¿Qué hace ese chico?” Otra, la que deduzco que es la líder natural del grupo dada su mente privilegiada, contesta: “Creo que está escribiendo.” “¿Y sobre qué estará escribiendo?” Pues sobre vosotras, imbéciles, que ya que no he tenido tiempo de ir al zoo, me entretengo estudiando la fauna de la línea verde.
Bien, dicho esto, vayamos al tema. Me encuentro ahora mismo en la línea verde del metro de Barcelona. Unas chicas, que deben andar entre los dieciséis y los diecinueve años –siempre he sido muy malo para calcular edades y, además, cada día crecen más rápido, efecto, supongo, del reggaeton que maman desde temprana edad-, están jugando al yo nunca con chupitos… ¡Imaginarios!
Vamos a ver… Repasemos el primer párrafo. Objetivos principales: emborracharse y conocer trapos sucios. Si quitas el alcohol eliminas de raíz una de las motivaciones principales del juego y lo reduces simplemente a un concurso de “a ver quién es más golfa”.
Una de ellas dice: “Yo nunca me he liado con nadie en el baño de una discoteca”. Acto seguido todas se llevan a la boca sus manos formando un vaso imaginario y “beben”. Vamos a ver, cojones. Si lo que quieres es saber las intimidades de tus amigas, vete directa al grano y déjate de gilipolleces. “¿Alguna de vosotras se la ha chupado a un desconocido?” “¿Tú sí? Ah, mira que bien. Era algo que no sabía y que me da más información sobre ti para estrechar nuestros lazos de amistad.” Y santas Pascuas.
Por un momento interrumpen su actividad para cuchichear febrilmente. Una de ellas pregunta: “¿Qué hace ese chico?” Otra, la que deduzco que es la líder natural del grupo dada su mente privilegiada, contesta: “Creo que está escribiendo.” “¿Y sobre qué estará escribiendo?” Pues sobre vosotras, imbéciles, que ya que no he tenido tiempo de ir al zoo, me entretengo estudiando la fauna de la línea verde.
De mi libreta de notas, 13-10-2010
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