Oficialmente ya soy famoso en Sitges. Soy conocido como “el tonto de la camisa de cuadros y las gafas de pasta”. Me han dado el premio honorífico al “idiota que llega dos horas antes de la película”. Sí, señores, si hay alguien capaz de llegar a las diez de la mañana para una película que empieza a las doce y de la cual ya tiene entrada, ese soy yo. Así pues, atontado como estoy por el madrugón, me dedico a divagar alrededor de la manzana conformada por el cine, las taquillas, la cafetería y el hotel. Y no doy una vuelta, ni dos… A la tercera dejo de contar. La gente por aquí debe estar preguntándose si tengo complejo de poni y me creo que estoy en un carrusel. La primera vuelta la doy por curiosidad y por matar el tiempo. La segunda y la tercera las doy en busca de un baño, y porque soy gilipollas, para qué negarlo. Al final terminé perdido en el hotel más pijo de Sitges y me atrevería a decir que de toda Catalunya. La gente me miraba raro. “¿Qué hace este aquí?” Se preguntan las señoras mientras agarran sus bolsos, vigilan a sus hijos y cuentan las perlas de sus collares. Tranquila señora, he venido a mear, no a robar.
De mi libreta de notas, 11-10-2010
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