Iba yo el otro día en el bus y de pronto noté como una molestia, un malestar general, unas nauseas, un desasosiego, un no sé qué, un de esto que te preguntan “¿Qué tal?” y tú dices “Pues no sé, estoy como medio raruno”… Cuando me percaté, por la radio estaba sonando una canción de Juanes. ¡Todo cobraba sentido! El caso es que empecé a prestar atención y pensé: Caramba (sí, cuando pienso uso mucho esa palabra), que canción de amor tan bonita. Pero instantes después me percaté de que estaba equivocado. Pero no porque no fuero bonita, que lo es, vaya si lo es, si no porque no es de amor… Es de desamor, y mucho.
Un somero análisis de la maravillosa letra de la canción nos abrirá prontamente los ojos. Para empezar va dejando pistas de lo triste que ha sido su vida “A Dios le pido […] que mi padre me recuerde” Deduzco pues, que viene queriendo decir algo así como “Que mi padre me recuerde porque lo que es yo no tengo ni zorra de quién puede ser… A ver si escucha esta canción y me manda una estampita o algo para que me haga una idea.”
En la segunda estrofa viene la perla que convierte esta canción en un auténtico himno protesta, en el acicate de las masas en la lucha por la revolución social. Si el Che Guevara siguiera vivo llevaría esta canción en su Ipod cada vez que liberara Cuba. El verso en cuestión es: “A Dios le pido que mi pueblo no derrame tanta sangre.” Es decir, un poco sí, porque no todo va a ser coser y cantar, para molar hay que sangrar, pero tampoco hay que pasarse. En resumen, lo que pide es una nueva remesa de tiritas para su pueblo.
También en esta misma estrofa ya nos da otra pista para que nos demos cuenta de que no se trata de una canción de amor. “Yo, a Dios le pido por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos.” Uy, ¿Qué pasa? ¿No son los mismos los hijos de tus hijos que los hijos de los hijos de tu amada? No pasa nada, las parejas se rompen y otras familias surgen de las nuevas uniones. Qué bonito todos juntos, Juanes (los dos), la chica, los hijos de los hijos de los Juanes, los hijos de los hijos de la chica, los suegros, barbacoa… ¡Qué felicidad! Pero no, oh, campos de soledad, oh, mustios collados, hete aquí que llegamos a la parte crucial en la que nos percatamos de lo triste de la historia:
“A Dios le pido que si me muero sea de amor y si me enamoro sea de vos.” Es decir, que a los señores Juanes se la pela la mozalbeta en cuestión. O sea, sí, está buena y tal y parece maja, pero lo que es amor, amor… Pues no mucho. Por eso le pide a Dios que de enamorarse, pues de ella… pero que tampoco le urge mucho. Sin prisa. Si pasa, pasa.
Ahora es cuando el anonadado lector se muestra indignado y arremete contra Juanes. ¡Pero no! Juanes ya tiene suficiente… El pobre… Está enfermo. Y por eso canta lo que canta: “Un segundo más de vida yo a Dios le pido” Los señores Juanes tienen una enfermedad mortal de necesidad, por eso regatean con Dios un segundo más, un segundo menos… Entonces Juanes, listos ellos, dicen: vale, me voy a morir, pero que sea de amor, como no estoy enamorado… A ver si cuela. Y si luego ya me enamoro, por lo menos que sea de la potorra aquella que tiene tantos críos, y que Dios me dé un segundito para bueno… ejem, ya tú sabes.
Un somero análisis de la maravillosa letra de la canción nos abrirá prontamente los ojos. Para empezar va dejando pistas de lo triste que ha sido su vida “A Dios le pido […] que mi padre me recuerde” Deduzco pues, que viene queriendo decir algo así como “Que mi padre me recuerde porque lo que es yo no tengo ni zorra de quién puede ser… A ver si escucha esta canción y me manda una estampita o algo para que me haga una idea.”
En la segunda estrofa viene la perla que convierte esta canción en un auténtico himno protesta, en el acicate de las masas en la lucha por la revolución social. Si el Che Guevara siguiera vivo llevaría esta canción en su Ipod cada vez que liberara Cuba. El verso en cuestión es: “A Dios le pido que mi pueblo no derrame tanta sangre.” Es decir, un poco sí, porque no todo va a ser coser y cantar, para molar hay que sangrar, pero tampoco hay que pasarse. En resumen, lo que pide es una nueva remesa de tiritas para su pueblo.
También en esta misma estrofa ya nos da otra pista para que nos demos cuenta de que no se trata de una canción de amor. “Yo, a Dios le pido por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos.” Uy, ¿Qué pasa? ¿No son los mismos los hijos de tus hijos que los hijos de los hijos de tu amada? No pasa nada, las parejas se rompen y otras familias surgen de las nuevas uniones. Qué bonito todos juntos, Juanes (los dos), la chica, los hijos de los hijos de los Juanes, los hijos de los hijos de la chica, los suegros, barbacoa… ¡Qué felicidad! Pero no, oh, campos de soledad, oh, mustios collados, hete aquí que llegamos a la parte crucial en la que nos percatamos de lo triste de la historia:
“A Dios le pido que si me muero sea de amor y si me enamoro sea de vos.” Es decir, que a los señores Juanes se la pela la mozalbeta en cuestión. O sea, sí, está buena y tal y parece maja, pero lo que es amor, amor… Pues no mucho. Por eso le pide a Dios que de enamorarse, pues de ella… pero que tampoco le urge mucho. Sin prisa. Si pasa, pasa.
Ahora es cuando el anonadado lector se muestra indignado y arremete contra Juanes. ¡Pero no! Juanes ya tiene suficiente… El pobre… Está enfermo. Y por eso canta lo que canta: “Un segundo más de vida yo a Dios le pido” Los señores Juanes tienen una enfermedad mortal de necesidad, por eso regatean con Dios un segundo más, un segundo menos… Entonces Juanes, listos ellos, dicen: vale, me voy a morir, pero que sea de amor, como no estoy enamorado… A ver si cuela. Y si luego ya me enamoro, por lo menos que sea de la potorra aquella que tiene tantos críos, y que Dios me dé un segundito para bueno… ejem, ya tú sabes.
Y esto es todo a lo que aspiro un domingo de madrugada. Larga vida y tal.
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