Cuando estoy solo en casa, durmiendo, y suena el teléfono o el timbre, con el paso de los años he aprendido a cerrar fuertemente los ojos y esperar a que pare. Pero a veces se hace muy insistente, como hoy. Así que haciendo un esfuerzo homérico, me levanté de la cama y avancé por el pasillo pensando “¿Quién osa perturbar mi sueño a estas intempestivas horas?” Mi pregunta tuvo rápida respuesta. Era el casero.
- Hola… Ya le dije a tu compañero que algún día vendría gente para ver el piso…
- Sí… me suena vagamente.
- Pues bueno… Que va a venir una gente a ver el piso.
- ¿Cuándo?
- Ahora. Están subiendo por las escaleras… ¿Te importa enseñárselo? Tengo que hacer una gestión…
Me encanta que me avisen las cosas con antelación. Vuelvo a la habitación. Levanto las persianas. El sol hiere mis ojos. ¿Quién cojones madruga tanto para ir a ver un piso? Oigo unas voces en la entrada. Una madre con el fruto de su vientre se adentra en mi dulce morada. Llegan a mi habitación. No sé el aspecto que debía de estar ofreciendo, pero los rostros de las intrusas no derrochaban comodidad. Decidí que ya puestos, debía actuar como un buen anfitrión. Una habitación, otra habitación. Luego acompañé a la comitiva a la terraza.
- Cuando hace buen tiempo la terraza está de lujo para hacer fiestecillas… - fue todo lo que se me ocurrió decir.
- No, mi hija no es de fiestas – dijo la inocente madre sonriendo y acariciando a su hija.
- Ya, sí, claro… Nosotros tampoco. Lo sé porque me lo dijeron los anteriores inquilinos…
Siguiente parada: el salón.
- Es un poco pequeño… Pero alguna noche nos hemos llegado a juntar unos cuantos aquí… Para estudiar.
Cocina:
- Es pequeña y está un poco sucia… El horno no da señales de vida. No se preocupe por los escapes de gas… Es muy oloroso. Lo sé porque… me lo dijeron los anteriores inquilinos.
Baño:
- Cuando no se jode el manguito de la ducha la cisterna no funciona, pero por lo demás es estupendo. Ah, por la ventana puedes escuchar las violentas discusiones de los dominicanos de enfrente. Tienen un gran repertorio de insultos.
Rellano:
- La puerta está un poco jodida. Es de cuando bajó el vecino a aporrearla hasta desencajarla. Entre nosotros, creo que es esquizofrénico. Pero aparte de eso es un tío majísimo. Un consejo: si coincidís en el ascensor, baja andando.
Despedida y cierre:
- Espero que les haya gustado el piso, si quieren volver a verlo no duden en venir, pero por favor… no tan temprano.
Hombre, por favor…
- Hola… Ya le dije a tu compañero que algún día vendría gente para ver el piso…
- Sí… me suena vagamente.
- Pues bueno… Que va a venir una gente a ver el piso.
- ¿Cuándo?
- Ahora. Están subiendo por las escaleras… ¿Te importa enseñárselo? Tengo que hacer una gestión…
Me encanta que me avisen las cosas con antelación. Vuelvo a la habitación. Levanto las persianas. El sol hiere mis ojos. ¿Quién cojones madruga tanto para ir a ver un piso? Oigo unas voces en la entrada. Una madre con el fruto de su vientre se adentra en mi dulce morada. Llegan a mi habitación. No sé el aspecto que debía de estar ofreciendo, pero los rostros de las intrusas no derrochaban comodidad. Decidí que ya puestos, debía actuar como un buen anfitrión. Una habitación, otra habitación. Luego acompañé a la comitiva a la terraza.
- Cuando hace buen tiempo la terraza está de lujo para hacer fiestecillas… - fue todo lo que se me ocurrió decir.
- No, mi hija no es de fiestas – dijo la inocente madre sonriendo y acariciando a su hija.
- Ya, sí, claro… Nosotros tampoco. Lo sé porque me lo dijeron los anteriores inquilinos…
Siguiente parada: el salón.
- Es un poco pequeño… Pero alguna noche nos hemos llegado a juntar unos cuantos aquí… Para estudiar.
Cocina:
- Es pequeña y está un poco sucia… El horno no da señales de vida. No se preocupe por los escapes de gas… Es muy oloroso. Lo sé porque… me lo dijeron los anteriores inquilinos.
Baño:
- Cuando no se jode el manguito de la ducha la cisterna no funciona, pero por lo demás es estupendo. Ah, por la ventana puedes escuchar las violentas discusiones de los dominicanos de enfrente. Tienen un gran repertorio de insultos.
Rellano:
- La puerta está un poco jodida. Es de cuando bajó el vecino a aporrearla hasta desencajarla. Entre nosotros, creo que es esquizofrénico. Pero aparte de eso es un tío majísimo. Un consejo: si coincidís en el ascensor, baja andando.
Despedida y cierre:
- Espero que les haya gustado el piso, si quieren volver a verlo no duden en venir, pero por favor… no tan temprano.
Hombre, por favor…
No hay comentarios:
Publicar un comentario