Reconozco que soy un tipo de naturaleza despistada y olvidadiza y, a menudo, cuando salgo de casa suelo darme cuenta en el ascensor de que he olvidado algo que tenía que llevar conmigo. Así que tengo que esperar a que el ascensor baje los pisos que me restan hasta el portal (que varían en función de a qué altura me dé cuenta de mi olvido), subir los nueve pisos, coger lo que necesite y volver a bajar. Y mi padre lo sabe.
Salía yo ayer de mi humilde morada y cuando estaba cerrando la puerta escuché que mi padre me decía algo. Pero no pude reaccionar a tiempo y, por culpa de la despiadada inercia, la puerta se cerró. Saqué las llaves, abrí y le pregunté qué decía. Su respuesta fue:
- Ya sabía yo que volverías a entrar. Como siempre.
La indignación se apoderó de mi alma. Empecé un enervado discurso diciendo que si había vuelto era única y exclusivamente porque había escuchado que él decía algo y que no me olvidaba de nada y que no iba a volver a entrar y que bla bla bla… Malditos padres. Todo lo saben, todo lo entienden. En el ascensor ya estaba escribiendo mentalmente la entrada para este nuestro blog dónde describía la malévola triquiñuela de mi progenitor, pensando en cómo son los padres cuando… Me di cuenta de que me había olvidado algo. Maldición. Al final él tenía razón, no una, si no dos veces. Un duro golpe para mi autoestima. ¡Qué dilema! Irme sin aquello que necesitaba o enfrentarme a mi padre y a la derrota. ¿Qué haría Luke Skywalker en mi lugar si se hubiera olvidado, yo qué sé, la espada láser? ¿Soportaría los reproches de su tío Owen? “Te lo dije Luke, te dije que te olvidarías algo y volverías. ¿Cómo vas a luchar contra el imperio si ni siquiera te acuerdas de la espada?” “Que si tío, usa la fuerza y no me rayes. No me esperéis para cenar.” “¡Vale, pero saca la basura!”
Salía yo ayer de mi humilde morada y cuando estaba cerrando la puerta escuché que mi padre me decía algo. Pero no pude reaccionar a tiempo y, por culpa de la despiadada inercia, la puerta se cerró. Saqué las llaves, abrí y le pregunté qué decía. Su respuesta fue:
- Ya sabía yo que volverías a entrar. Como siempre.
La indignación se apoderó de mi alma. Empecé un enervado discurso diciendo que si había vuelto era única y exclusivamente porque había escuchado que él decía algo y que no me olvidaba de nada y que no iba a volver a entrar y que bla bla bla… Malditos padres. Todo lo saben, todo lo entienden. En el ascensor ya estaba escribiendo mentalmente la entrada para este nuestro blog dónde describía la malévola triquiñuela de mi progenitor, pensando en cómo son los padres cuando… Me di cuenta de que me había olvidado algo. Maldición. Al final él tenía razón, no una, si no dos veces. Un duro golpe para mi autoestima. ¡Qué dilema! Irme sin aquello que necesitaba o enfrentarme a mi padre y a la derrota. ¿Qué haría Luke Skywalker en mi lugar si se hubiera olvidado, yo qué sé, la espada láser? ¿Soportaría los reproches de su tío Owen? “Te lo dije Luke, te dije que te olvidarías algo y volverías. ¿Cómo vas a luchar contra el imperio si ni siquiera te acuerdas de la espada?” “Que si tío, usa la fuerza y no me rayes. No me esperéis para cenar.” “¡Vale, pero saca la basura!”
Y por si fuera poco, el que se supone que es uno de mis mejores amigos intentó acabar con mi vida arrojándome a las fauces de un coche que se acercaba a gran velocidad. ¡Tenga usted amigos para esto!
En fin. Mañana a grabar. Calentando motores para lo que esperemos sea un fructífero verano, que se presenta cargado de proyectos, ideas… Esperemos que no se queden en el tintero.
Larga vida y prosperidad.
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