16/1/10

Mamoneo, mamoneo

Desde que tengo teléfono móvil, rara es la vez que me llaman al fijo. Así que cuando suena el teléfono en casa, me hago el loco hasta que alguien contesta. Esta vez, hace unos días en Vigo, sí que era para mí. Cuando cogí el auricular empezó el desconcierto. Una voz femenina a la que, no sé si por ser sudamericana o simplemente por ser gangosa, a duras penas conseguía entender lo que me iba diciendo. No sé si es que cogí el discurso in media res o que yo estaba un tanto espeso, pero la cuestión es que no me estaba enterando de nada. La conversación empezó preguntándome si yo era usuario de telefonía móvil de Vodafone (quiero recalcar esta parte, por como se desarrollaron luego los acontecimientos), a lo que contesté afirmativamente (cómo si no lo supiera ya, porque no me va a hacer creer que llama a todos los números preguntando si son Vodafone…)

(Léase con acento sudamericano) “… Usted pagará nueve euros el resto de su vida, pagando los dos primeros meses tan sólo cuatro con cinco euros. A continuación le llegará la factura de nueve euros el resto de su vida, ahorrando así… (parte confusa en mi recuerdo, y eso que acababa de suceder) ¿Le interesa?”

- Hombre… pues la verdad es que no. Pero gracias por preguntar.

(Léase, además de con acento sudamericano, con un ligero deje de indignación) “¿Pero cómo que no? Si de este modo así usted está ahorrando dinero. ¿Por qué no le interesa?”

- Pues porque no he entendido una maldita palabra de lo que me ha dicho.

(Léase, además de con el persistente acento sudamericano, el deje de indignación y un creciente cabreo) “Pero vamos a ver, ¿Qué no entiende usted? Pregúnteme y yo se lo repito.”

- Pues es que me ha dicho que voy a ahorrar dinero… pero no me ha dicho en qué. No me ha dicho en ningún momento el servicio que se me ofertaba y, qué quiere que le diga, la idea de pagar nueve euros para el resto de mi vida a una compañía con la que no sé si quiero estar hasta que me muera…

(El cabreo ya no es creciente, sino supino, más acento sudamericano, claro) “Le estoy diciendo que usted ahorra en todas las llamadas que haga desde el fijo…”

- Pero es que yo no tengo fijo…

(Léase al borde de la histeria, sin acento sudamericano ni pollas) “¡Pero yo le estoy llamando a un teléfono fijo!”

Ahí ya colgué. Ponte tú a explicarle a esta señora que sí, que en mi casa hay teléfono fijo pero que, por supuesto, no lo llevo yo y que, además, no somos Vodafone. Le daría un colapso nervioso y no quiero ser culpable de una muerte telefónica. ¿Para qué cojones me pregunta si soy usuario de Vodafone de telefonía móvil si lo que ella quería era hacerme una oferta para el fijo? ¿Y en ese caso, por qué no trata de hablar con el titular de la línea que, por supuesto, no soy yo?

En fin, todo esto sucedía cuando yo intentaba pelearme con unos apuntes. Ya es escasa mi capacidad de concentración como para que vengan a distraérmela estos sinvergüenzas de Vodafone que, por cierto, parece que tienen fijación con mi familia. Desde hace algún tiempo están llamando preguntando por mi padre para hablarle de una oferta de tarifa plana. Mi padre les ha dicho un par de veces amablemente que no estamos interesados. A la decimoquinta los gritos se oían hasta en el país remoto desde el que nos llaman. A la decimosexta fue de órdago. Y siguen llamando.

Yo no me lo explico. Señores de Vodafone, ya somos clientes ¿quieren que dejemos de serlo?

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