No es que yo sea un tío huraño y arisco pero, por lo general, no me gusta abrir la puerta de casa ni contestar al teléfono (no digamos ya al telefonillo). Pero hoy no me quedó más remedio que hacerlo cuando me convertí en la persona más próxima a la puerta y habilitada para abrirla cuando mi compañera de piso (y amiga del alma), después de que el timbre sonara, me dijo: “Abre tú, que yo estoy en pijama.” Me dijo eso por no decir: “Abre tú, que a mí me da la risa”, porque en mi pueblo camiseta y chándal no es pijama.
Al abrir la puerta me encontré con dos individuos jóvenes y trajeados. Al verme, uno de ellos me preguntó: “¿Está tu padre?” Lo primero que se me pasó por la mente contestar fue: ¿Y el tuyo?
Pero un servidor procede de una familia humilde, de educación espartana y modales sobrios y correctos. Así que, amablemente, le contesté que no. “¿Y tu madre?” Mira… Dejemos tranquila a mi madre que yo no me he metido con la tuya. “¿A qué hora podemos venir para que estén en casa?” Puedes venir dentro de un par de horas, que seguro que estarán en casa. Eso sí, vas a tener que gritar mucho para que te oigan en Vigo.
“Ah… ¿Eres tú el titular del gas?” Bueno, es que recientemente he tenido una lesión así que ahora mismo soy suplente. El fulano boqueó, se secó el sudor de la frente con su corbata y comenzó a balbucear. Empezaba ya a darme pena, así que le aclaré que no, que la titular del gas es la casera. “¿A qué hora podemos venir para hablar con ella?” Venir puedes venir a la hora que quieras, aunque vas a tener que gritar también. “¿No vive aquí?” Y luego dicen que las mentes más brillantes de nuestro país están emigrando en busca de mejores condiciones para desarrollar su talento.
Entonces, súbitamente, puso fin a la conversación diciendo: “Bueno, da igual, era para darle un papel, pero no es importante.” ¿Entonces por qué te plantas en el umbral de mi puerta y me haces perder el tiempo, payaso? La próxima vez que oses pulsar el timbre de mi casa con tus impíos dedos, ve al grano: “Hola, tengo un papel que no es importante y que no hace falta que se lo entregue a nadie. Buenas tardes.”
Ambos jóvenes y sus trajes se dispusieron a bajar las escaleras cuando uno de ellos, el que no había hablado, se giró y me preguntó: “¿Conoces a alguien entre 18 y 35 años que esté buscando trabajo?” No es la primera vez que me lo preguntan, así que no me cogió por sorpresa. Lo que me extraña, amigo mío, es que no conozcas tú a nadie de esas características.
He llegado a la conclusión, ya que parece ser que algunas personas están teniendo dificultades para encontrar gente en paro, de que la crisis no existe. Es un montaje. Son los padres. Es más falsa que el título de bachillerato de Belén Esteban.
Antes de irse, el fulano me dio su tarjeta (llámalo tarjeta, llámalo pedazo de papel escrito a mano) con su nombre y su teléfono, “por si se te ocurre alguien”, diciendo que podía llamarle las 24 horas del día. Le dije que tenía mejores cosas que hacer que estar todo el día hablando con él por teléfono, pero no pareció entenderlo. En su tarjeta figuraba, como venía diciendo, su nombre. Juro por Dios, que me muera ahora mismo si miento, que se llamaba Alberto Margarito.
“Puedes reírte si quieres” me dijo, consternado. “No te preocupes, yo también me llamo Alberto” le contesté. “No… Si yo lo decía por…” Descansa muchacho, y contéstame a una cosa: ¿hace falta ser tan despierto como tú para optar al puesto de trabajo que ofrecéis o también se acepta gente normal?
Cerré la puerta y, al girarme para volver a mi vida, me encontré con mi imagen reflejada en el espejo del recibidor que me interrogaba: ¿En serio esta gente te ha preguntado por tu padre?
2 comentarios:
[quote]Espero, eso sí, que su amenaza de un saludo especial sea cumplida.[/quote] (ya sé que el quote no va a funcionar...)
Estamos trabajando en ello... no prometo mucho pero igual te sorprendo con algún tipo de mierda. Espero que la anuncies como merece, esto es: A bombo, platillo y triángulo (importantísimo el triángulo).
Así será, ya tengo el triángulo en el luthier
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