Si dijera que este es un país de pandereta, no diría nada nuevo. Ya allá por el año 1833 Larra lo iba dejando caer. Sin embargo, uno nunca deja de sorprenderse con los entresijos de la administración de esta nuestra amada patria. Tomemos como muestra un botón; el sistema universitario español. Cualquiera que haya pedido una beca, un traslado de expediente, un intercambio, o haya iniciado cualquier trámite, se habrá topado de bruces en más de una ocasión con la inoperancia del personal administrativo.
Con la esperanza de solucionar la situación de limbo académico en la que me encuentro, llamé a la oficina que gestiona los asuntos de los estudiantes que se hallan desplazados de su universidad de origen. Me atendió una voz femenina y hastiada, y le empecé a relatar mis problemas (unos problemas que a nadie interesan —y cuando digo a nadie incluyo también a la persona con la que dialogué— por lo que no los voy a relatar aquí).
Después de una sencilla exposición de mis dificultades burocráticas, me callé para poder oír la solución que me propondría la persona con la que hablaba. Pero lo que obtuve por primera respuesta fue el silencio. Después de unos segundos muy tensos, la voz al otro lado de la línea decidió romperlo diciendo con tono firme: “Perdona, ¿puedes repetir? Es que no te estaba haciendo caso.”
…
Bravo. De profesionalidad andará justa, ahora, sinceridad tiene como para una boda. Después de colgar el teléfono, hice una rápida investigación sobre la señorita y descubrí que antes de llegar a su actual puesto de trabajo, había tenido otros empleos telefónicos. Primero trabajó en el servicio de atención al cliente de una empresa. Tras su llegada allí, decidieron cambiar el nombre del servicio por “al cliente” simplemente. Después de eso, trabajó en una centralita de ambulancias, pero se ve que el índice de mortalidad de su zona aumentó notablemente. “A ver... Urge una ambulancia para una calle del centro, no hice caso del nombre pero el portal era número par. Creo.”
Después de eso, encontró el trabajo ideal. Porque total, ¿qué problema hay en ignorar los asuntos de los estudiantes? Para eso están en la universidad, para aprender a valerse por sí mismos.
No me quedó más remedio que repetir mi discurso para que, in media res, me interrumpiera para decirme que ella no me podía ayudar; que la encargada de esos asuntos se encontraba hablando por teléfono y que llamara en otro momento.
Hace mucho tiempo que la gente viene hablando de la crisis. Que si la crisis esto, que si la crisis lo otro, que si la crisis mató a mi padre y violó a mi madre… Pero yo nunca la había vivido en primera persona. Hasta hoy. Una crisis nerviosa del tamaño de Tulsa, Oklahoma.
Estoy completamente seguro de que si nuestro ilustre Larra resucitara, pasarían dos cosas: Primero, se haría con el récord de resucitar después de más días muerto, que actualmente ostenta un señor de Nazaret; y, segundo, después de comprobar la situación de la burrocracia española, se volvería a pegar un tiro —tras varios meses de trámites y test psicotécnicos para conseguir la licencia de la escopeta—.
Como colofón para esta historia me gustaría compartir con vosotros un diálogo que escuché en el metro. Puede parecer un chiste, pero es real como la birra misma.
— ¿Carolina Herrera? Es una diseñadora de moda.
— Ah, es modista.
— Bueno, ahora ya se lo tiene un poco creído.
Que tengan ustedes un buen fin de semana (o lo que queda de él). Yo, por mi parte, me dispongo a ponerme mis mejores galas para mi encuentro con Ana Morgade. ¿Aparecerá? ¿No aparecerá? ¿Llegaré yo tarde, para no variar? Nunca tanta tensión se había vivido en el Espacio Exterior.
3 comentarios:
"que si la crisis mató a mi padre y violó a mi madre…"
http://www.uplolit.com/media/201207/6ec5982c301bfc2c9806442f7fd25ff6.jpg
jijijiji ailaiki, cousa juapa =)
Enporcierto, me tiene udé que contar más sobre ese asuntillo con la Morgade... ¡Morgade por Dios!
Anda coño, ya decía yo que me sonaba de algo esa frase. En mi subconsciente siempre el doctor divago!!
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