Al pasar al lado de la parada de taxis, el taxista –un tipo aparentemente serio y de pocas palabras- redujo la marcha y se puso a la par de otro taxista, allí detenido aguardando a algún cliente.
- ¡Para facer unha tortilla – gritó por la ventanilla- hai que romper algúns ovos!
El destinatario del tal mensaje, aparentemente en clave y cuyo significado se me escapaba, se rio nerviosamente.
Ante los apremiantes pitidos de los conductores que nos seguían, mi taxista reanudó la marcha.
- Si nos oye la conductora que estaba parada delante de él, se baja y hay hostias –comentaba mientras se reía alegremente el señor.
- Es lesbiana. Pero una lesbiana mala. Y fea. Feísima. Y mala como su puta madre. Está saliendo con otra taxista, que también es lesbiana – gracias por la aclaración- así, poca cosa. Como sin espíritu. Hacen una pareja un tanto descompensada. Pero esta… esta es mala. Fue directiva aquí de radio taxi. Y hubo que echarla – como se reía el hombre- y cogió un libro así con las manos – soltó el volante para escenificarme cómo lo hizo- y lo tiró contra la mesa gritando: “¡Hai que ter ovarios!” Ja, ja, ja – se partía la caja, lágrimas en los ojos incluidas- ¡Una de huevos! – gritó para finalizar- ¡Marchando! ¡Que estén bien pasados!
¡Qué feliz parecía el taxista!
Me despido dejándoos el trailer de una gran película de nazis, no tiene desperdicio.
14/3/10
- ¡Una de huevos! – ¡Marchando!
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