Tras esta temporada sin actualizar, vuelvo a la carga con mi Experiencia Cercana a la Muerte Parte II: pánico en el bus.
Todo empezó cuando decidí coger un bus para dirigirme a mi humilde morada, ya que iba cargado como una mula y no procedía herniarme caminando. Seleccioné al azar un sitio espacioso para sentarme con mis bultos y allí me fui. Quiso el azar que justo detrás de mí, en la última fila, se encontrara sentado un señor que debía tener la capacidad auditiva de Ludwig Van Beethoven en sus tiempos finales y el gusto musical de El Neng de Castefa, ya que, a pesar de llevar los auriculares insertados en las orejas, se podía escuchar la bazofia infumable que él debe de entender por música tres paradas más allá. Si tuviera que describir lo que emanaba de los cascos de ese señor, sería algo así como “ruido demencial procedente de lo más profundo del averno, realizado por los mismísimos hijos de Satanás torturando a todo tipo de animales” o como el último disco de Sabina.
El caso es que, si su presencia no era ya de por sí suficientemente perturbadora, pasado un rato se subió al bus un amigo suyo y se sentó a su lado. El amigo… En fin. Dios los cria… (y nosotros deberíamos matarlos). Resultó que el compadre de nuestro melómano compañero de viaje era un ser digno de estudio. Tras un breve circunloquio, en el que el primer señor explicó al segundo que tenía una oferta para pinchar en fin de año, pero que a ver cuanto pagaban, aunque tampoco era plan de cobrarles ochocientos pavos (sí, se conoce que hay culturas en las que en fin de año pagan a gente para que les torturen hasta que les sangren las orejas), la conversación tomó un cariz un tanto inquietante. El segundo señor hablaba de esta manera:
“Pues sí, vengo del psiquiatra. Lo que pasa es que estaba un poco mosqueado porque me dijo que la última revisión a la que fui fue hace diez años, y eso no puede ser. Pero nada, ahí sigo, con mi doble personalidad.”
Ahí es cuando me di cuenta de que mi vida corría peligro. Estaba sentado justo delante de esquizo y su amigo el bakala. Estupenda combinación.
Continuó diciendo no se qué de una medicación y un par de detalles más, hasta que llegó el momento cumbre en el que sentí que mi vida estaba en peligro.
“[…] hace veinte años… no, hace treinta, abrí en canal a un fulano. Y la verdad es que no me arrepiento. Y lo volvería a hacer.”
Señores, no sé si alguna vez han estado sentados de espaldas a un señor con doble personalidad y que reconoce que ha abierto a un fulano en canal y que no tendría ningún tipo de reparo en volver a hacerlo, pero que quieren que les diga, no es una experiencia agradable.
Instantes después llegamos a mi parada y, a pesar de que tuve un serio debate interno para decidir si bajarme o seguir en el bus para conocer toda la historia, opté por bajarme, no por nada, si no porque no me apetecía acabar en medio del monte (que es a dónde iba el bus, seguro) escuchando una buena sesión de música a cargo de Dj Zumbao y protagonizando alguna de las secuencias de Saw, llamadme excéntrico si queréis.
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